|
FLOR DE HARINA (Sal 147, 14) 
Es el círculo vicioso ofensa-venganza: tú me haces esto, yo te respondo con la misma moneda. Hay que introducir un elemento nuevo, revolucionario, el perdón.
Por el padre Justo López Melús Hay un triste juego, constata Pronzato, que no nos cansamos de repetir. Es el círculo vicioso ofensa-venganza: tú me haces esto, yo te respondo con la misma moneda. Hay que introducir un elemento nuevo, revolucionario, el perdón. Hay que romper el círculo vicioso: tú me haces daño, yo te respondo con amor. ¿Quién quiere jugar a este juego? El rencoroso es un perezoso, se deja arrastrar por lo fácil. El que perdona instaura un mundo nuevo. Ten la libertad de sorprender al adversario con esa reacción nueva que no esperaba. Ya no interesa quién ofendió primero, sino quién quiere terminar. Dice un refrán que, si Dios no perdonase, el paraíso quedaría vacío. Y la tierra sería un infierno sin el perdón. Perdona a todos. No pienses si lo merecen o no. Si queda alguno fuera de tu perdón, se te hace más pequeño el corazón. —Hay que distinguir entre reprensión y perdón. Reprender es recordar la falta a todas horas, replegar a la persona sobre su pecado: No tienes remedio, no se puede confiar en ti... Perdonar es olvidar, borrar la falta, lanzar al hermano hacia el futuro. La reprensión suele ser estéril. El perdón es creador, porque ofrece amor. Si creemos en una persona, le ayudamos a crecer, le ofrecemos estímulos de superación. —Por la reprensión fijamos a una persona en sus culpas. Por el perdón creamos una persona nueva. La reprensión mira hacia atrás. El perdón nos lanza hacia delante. San Pedro negó a Cristo la noche del Jueves Santo. Con el perdón, ese pecado ha desaparecido. Cristo mantiene íntegra la promesa. Le entrega el cuidado de todo el rebaño. El perdón, más que saldar una cuenta del pasado, abre cuenta con el futuro. |