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HOMBRE NUEVO 
Le respondí que no debía buscar sólo la pareja, sino el trío y hasta la quintilla. «¡Qué horror! ¿Cómo dice eso? -exclamó- Pocos hijos, para darles mucho» «¿Mucho de qué? -me atreví a preguntar-
Por José Manuel Otaolaurruchi, L.C. Me he vuelto a encontrar con una señora, una de tantas, que dudaba en traer al mundo a la parejita de hijos o quedarse sólo con el primero, un rubiales de casi tres años. Con franca llaneza le respondí que no debía buscar sólo la pareja, sino el trío y hasta la quintilla. «¡Qué horror! ¿Cómo dice eso? -exclamó- Pocos hijos, para darles mucho» «¿Mucho de qué? -me atreví a preguntar- ¿Muchos juguetes que caducan de inmediato? ¿Mucha soledad por no tener con quién jugar? ¿Muchos cuidados que nos hacen egoístas y caprichosos? El mejor regalo son nuestros hermanos. Ellos nos acompañan a lo largo de la vida, te defienden en el colegio cuando eres pequeño y de los golpes de la vida cuando eres grande. Incluso, hasta para conseguir novio o novia te ayudan los hermanos, pues es probable que termines casado con alguno de sus amigos. Definitivamente, señora, el mejor regalo para su hijo son los hermanitos». El fenómeno es extraño, pero las madres con uno o dos hijos nunca tienen tiempo de nada, pero las que tienen tres, cinco o siete, tienen tiempo para pintarse el ojo, atender a la abuela, dar de comer al perro, pintar la casa y compartir con el marido. Y si alguna no lo cree, haga la prueba. |