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La compulsión por eliminar la cruz de Cristo Imprimir
Escrito por El Observador   
Domingo 22 de Noviembre 2009

LAS BATALLAS POR EL CRUCIFIJO

Image La compulsión por eliminar la cruz de Cristo se está extendiendo en el mundo

«No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor.  El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia».
Mahatma Gandhi

Hace unos días, el Tribunal Europeo sobre los Derechos del Hombre falló a favor de una mujer italiana de origen finlandés. La demandante pedía que fueran retirados los crucifijos de las aulas donde asistían sus dos hijos.

Hace siete años se inició el camino judicial que llevó a esta decisión. En el 2002 la mujer pidió a una escuela estatal de Padua retirar el símbolo religioso; la dirección escolar se negó al considerar que el crucifijo forma parte del patrimonio cultural italiano. Al no encontrar respuesta, apeló a los tribunales italianos, los cuales dieron una respuesta parecida: este símbolo se podía considerar parte de una identidad nacional.

Entonces s decidió ir a cortes internacionales. Es cuando el Tribunal Europeo sobre los Derechos del Hombre emitió su fallo:  «La exhibición obligatoria del símbolo de una determinada confesión en instalaciones utilizadas por las autoridades públicas, especialmente en las aulas, restringe los derechos paternos de educar a los hijos en cuanto a sus convicciones».

Una petición similiar había sido hecha por un líder religioso musulmán residente en Italia en el año 2003.

Respuesta italiana

Esta sentencia generó una ola de reacciones en Italia. «No creo que sea algo malo; no soy religioso, pero estamos en un país católico». En esta frase se expresa el sentir de los italianos considerados católicos no practicantes, es decir, asumen que viven en un país con identidad católica. Entonces, ¿por qué eliminar las expresiones de ese espíritu identitario? La indignación es compartida en las altas esferas del poder y por los ciudadanos de a pie. El ministro italiano para asuntos europeos expresó: «Negar el crucifijo es negar la raíces cristianas de Europa y de Italia». La ministra de Educación, Mariastella Gelmini, ha mostrado públicamente su rechazo a la decisión del Tribunal y ha señalado que «nadie, aún menos un tribunal europeo impregnado de ideología, logrará arrancarnos nuestra identidad». La ministra, que repudió el fallo, considera que «la presencia de crucifijos en las aulas no significa una adhesión al catolicismo, sino que representan nuestra tradición».

Otra respuesta se dio por parte de los alcaldes. El alcalde de Sezzadio en Alejandría, Pier Luigi Arnera, decidió multar con 500 euros a quien remueva algún crucifijo de un local público. Al mismo tiempo, en Sassuolo y Trapani, las autoridades municipales adquirieron decenas de crucifijos para distribuirlos entre todas las escuelas.

En Montegrotto Terme, Padua, los avisos luminosos que suelen reproducir mensajes oficiales lucen ahora un crucifijo con la frase: «Nosotros no lo quitamos», y el alcalde de Asís ha pedido que, además del crucifijo, las oficinas públicas expongan un pesebre.

Los eslabones de la cadena

La sentencia sobre eliminar los crucifijos de las escuelas italianas es un hecho sorprendente pero no aislado. Desde hace décadas se alimenta una corriente ideológica, la cual, escondiéndose en el concepto de «estado no religioso», se convierte en una tirana para los individuos con convicciones religiosas. Más aún, pretende arrancar de la esfera pública cualquier manifestación de orden religioso; pero veamos algunas de las acciones que ha generado esta forma de pensamiento.

Borrar el cristianismo

Uno de los puntos más  difíciles de la Constitución europea era introducir el concepto de la Europa cristiana. Se adujo que introducirlo atentaba contra un espirito laico. La respuesta siempre fue: la cultura cristiana edificó los pilares del mundo occidental. Sin embargo, este argumento no fue considerado en cuenta.

En Turquía no hay  respeto por las minorías religiosas. Se niega de manera efectiva a los cristianos el acceso a los puestos institucionales civiles y militares, y es prácticamente imposible construir iglesias.

En julio de 2007 Andreas Herren, jefe de prensa de la FIFA, anunció que a la prohibición de eslóganes y publicidad religiosa en la vestimenta de los jugadores se añadía ahora la prohibición de cualquier tipo de mensaje religioso en los campos de juego. El jugador que viole la norma será sancionado y también el equipo. De esta forma, la FIFA expulsa a Dios de las canchas.

Eliminar símbolos religiosos

Francia ha experimentado una nueva ola de secularismo, con la puesta en práctica de una nueva ley que prohíbe el uso de símbolos religiosos en las escuelas. Algunas autoridades locales en Alemania han puesto en práctica medidas similares.

La facción populista conservadora del parlamento holandés ha propuesto el controvertido proyecto de ley que pretende prohibir el derecho a llevar símbolos religiosos a empleados que desempeñan una función pública. Según este proyecto, ningún empleado público podría presentarse a su lugar de trabajo llevando «un turbante, un velo o una cruz». Los promotores de la ley sostienen que la prohibición «no haría más que consagrar la separación entre las iglesias y el Estado. La ley afectaría absolutamente a todos los símbolos religiosos, sin importar el tamaño.

El símbolo de la cruz también ha recibido ataques en Canadá a finales del año pasado. El consejo superior de la Universidad Simon Fraser, en la Columbia Británica, decidió quitar las dos cruces de su escudo de armas, según informó el diario National Post.

En Inglaterra sigue el debate sobre los símbolos cristianos. En el 2006 se pidió a una empleada de British Airways que no llevara una pequeña cruz al cuello en su trabajo. A principios de año la Robert Napier School de Gillingham, en Kent, pidió a una de sus estudiantes católicas que se quitara un colgante con una cruz.  Su familia protestó rápidamente, observando que el colegio permite a las alumnas musulmanas usar pañuelos en la cabeza y los estudiantes sikhs van a clase con turbantes y brazaletes

En España, en abril de este año, un tribunal falló en contra de un colegio público de Valladolid. La sentencia le obligaba a retirar los crucifijos de las aulas. La demanda fue promovida por la asociación cultural laica de Valladolid. Diversas asociaciones decidieron apoyar a esta escuela pues «la cruz constituye un elemento de identidad del pueblo español, además de ser elemento integrante e integrador de valores culturales del Estado».

Una batalla cultural e ideológica

Se ha mal entendido un respeto a la multiculturalidad religiosa con una sociedad sin religión. La coexistencia de cultos garantizada por el Estado no significa que éste tenga la facultad de arrasar con ellos. Finalmente, quienes tienen prácticas religiosas son los seres humanos, personas de carne y hueso a las cuales no se les puede pisotear su derecho a profesar una religión. Por tanto, eliminar los símbolos religiosos de las escuelas «sería como obligar a los ateos a colgar ese símbolo». Tan peligroso es el fundamentalismo antirreligioso como el religioso. Ambos desembocan en un autoritarismo que socava los ideales democráticos de una sociedad y pone en grave riesgo temas tan delicados como los derechos humanos.

Hay que decirlo una y otra vez: aceptación de un multiculturalismo religioso no es sinónimo de intolerancia religiosa. Los católicos debemos tener esto muy claro; de no ser así, el espíritu de las persecuciones religiosas de la época romana puede estar a la vuelta de la esquina.

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