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CONTRACULTURA
¿Qué tan maduros y preocupados estamos usted y yo?
Por Ignacio Navarro Valle
¿Qué tan maduros y preocupados estamos usted y yo? Puede pasar —dependiendo de las reacciones que generemos alrededor— que nuestra conducta la juzguemos madura o inmadura, ocupándonos o preocupándonos, según sea el caso. Creyéndonos con experiencia y sabiduría (respaldándonos en los libros que hemos leído o escrito, en los títulos y diplomas que colgamos con nuestro nombre y en los comentarios positivos que provocamos), podríamos sentirnos maduros. ¡Bien! Pero conviene que no sea lo único que nos motive porque, vea:
Con las reacciones negativas, que igual propiciamos (quizá porque la «regamos», o por la fresca y original manera con que abordamos las cosas, etc.), puede que nos preocupemos, sintiéndonos inmaduros.
Aquí no está el problema, me parece, de esa cultura (costumbre) de juzgarnos según las reacciones; sino en la oportunidad de llenar la vida con preciosas ocupaciones, en lugar de preocupaciones.
Vivir ocupados, creo, es una inequívoca señal que recuerda el conveniente sentido de aprovechamiento y aprendizaje con que experimentamos cada momento. Alejados —¡por supuesto!— de esa madurez con que ahogamos la valiosa curiosidad infantil (Einstein dixit) y que, hay que admitirlo, a veces huele podrida. |