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Límites éticos a ciertos científicos y a cierta ciencia PDF Imprimir Correo
Escrito por Adolfo L. Orozco Torres   
Domingo 07 de Octubre 2007

TEMAS DE HOY

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Está circulando una noticia por los ambientes científicos y religiosos que es verdaderamente estremecedora. La nueva amenaza viene disfrazada con el eufemismo de buscar remedio a algunas de las enfermedades.

Está circulando una noticia por los ambientes científicos y religiosos que es verdaderamente estremecedora. No se trata de una nueva superbomba, ni del impacto del cambio climático o de algún nuevo método anticonceptivo. No, la nueva amenaza viene disfrazada con el eufemismo de buscar remedio a algunas de las enfermedades más devastadoras como el Alzheimer, el Parkinson y otras enfermedades de origen genético: se trata de la producción de «quimeras» manipulando la información genética contenida en el ADN humano y óvulos de animales para producir... mezcla de hombre y animal.

La Revista Nature, una de  las más prestigiadas en el ámbito científico internacional, pero conocida también por dar hospedaje a una serie de opiniones en contra de la religión, expresadas  por científicos ateos, dio a conocer en su servicio semanal de la Universidad de California en San Diego, en su Boletín del 7 de septiembre, que «el Organismo Regulador Británico había aprobado la creación de embriones de quimeras, inyectando ADN humano en huevos ‘vacíos’ de animal. Los investigadores esperan producir de este modo células estaminales humanas sin necesidad de recurrir al suministro de óvulos humanos donados»

Monseñor Elio Sgreccia, presidente de la Academia Pontificia para la Vida, calificó este acto del organismo británico como «un acto monstruoso contra la dignidad humana». Afirma que la decisión británica marca un punto de no retorno: «Esta frontera, la del cruce de distintas especies, ha sido traspasada hoy con la decisión de ir adelante del gobierno británico. Hasta hoy estaba prohibida en el campo de la biotecnología, y no sólo por parte de las asociaciones religiosas».

Continuamos citando a monseñor Sgreccia «La política que ha sido aprobada es repugnante desde un punto de vista emocional, pero es también irracional: nos encontramos ante una subversión de la ética. O mejor todavía: con esta decisión de ir adelante, nos quedamos completamente fuera del fin de la ética y de la humanidad»

Estos experimentos de manipulación genética pueden abrir una caja de Pandora que nadie puede saber a dónde va a conducir. Desde un punto de vista simplemente humano, estos experimentos son monstruosos ?como dice monseñor Sgreccia? pues se puede producir auténticas aberraciones con las mezclas de la especie humana con otras especies. La naturaleza ha impuesto estas barreras para prevenir precisamente estas aberraciones, y ahora estos científicos inmorales se creen superiores a la naturaleza pretendiendo violar los límites impuestos por ella misma. Se amparan en la «libertad de investigación» y en el pretexto de «buscar curación a enfermedades hasta ahora incurables» Pero, ¿es que la libertad de investigación no tiene límites?

Pero lo más grave, lo verdaderamente grave es el atentado a la dignidad del ser humano y el reto implícito a la creación de Dios. Para estos científicos, la ciencia, o más bien «su ciencia», no debe tener barreras ni obstáculos. Se sienten con derecho a intentar todo lo que se les ocurra y no manifiestan ningún respeto al ser humano, ni ninguna consideración al hombre como creatura de Dios, con un cuerpo natural y un alma espiritual. Se sienten autosuficientes y más allá de cualquier limitación ética o religiosa, y su pretendida búsqueda de curación de enfermedades oculta más bien una inmensa soberbia, similar a la de aquel que exclamó: «¡No serviré!». La soberbia de estos investigadores sólo puede equipararse a la de Luzbel, y quieren suplantar a Dios manipulando la fuente misma del acto creador por excelencia, que es la generación de un nuevo ser humano compuesto de alma y cuerpo, por el acto de la procreación.

La ciencia no debe tener libertad absoluta. Existen límites éticos naturales. No se necesita tener ninguna religión para saber que la investigación para producir armas es esencialmente inmoral, y con mayor razón cuando se trata de armas de destrucción masiva, como la bomba atómica, la bomba de hidrógeno y actualmente la ‘superbomba’ rusa que ‘sólo mata a los seres vivos’ al privarlos de oxígeno. Son igualmente inmorales los experimentos médicos usando personas de países del tercer mundo para probar medicamentos y tratamientos peligrosos y que son engañadas o presionadas para participar en dichos estudios. La ciencia, como producto elaborado de la inteligencia humana, es uno de los mayores dones con que Dios nos ha adornado. Pero no nos la dio para que hagamos con ella lo que queramos.


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