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Entrevista con monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán y presidente de la Comisión Episcopal de Familias, Jóvenes y Laicos
¿Cuál es la relación entre la comunidad y la búsqueda de la santidad?
«Precisaría: la comunidad o sociedad es fruto de la familia, es decir qué tan integrada esté una sociedad dependerá de las familias que la conformen. Por lo tanto, si tenemos una comunidad donde no prive la masa sino la relación de personas, esa comunidad puede hacer mucho para que florezca la santidad. Lamentablemente nuestra realidad está inmersa en una masificación: en las ciudades hay una vivencia anónima de seres humanos, los vecinos no se conocen; todo esto ocasiona que un sentido de comunidad, de amor, se pierda; entonces la búsqueda de la santidad se ve comprometida».
Respecto a las etapas de la familia, ¿qué riquezas y riesgos supone para la pareja la llegada de los hijos?
«La llegada de los hijos es un regalo. Es una participación en la acción creadora de Dios. En ese sentido es una riqueza, es el gozo de ver nuestro amor que se hace concreto en carne y hueso. Cuando hay ese sentido de que el hijo es regalo y obligación, cuando los dos se entregan a la educación del hijo, es una riqueza enorme, es la fatiga pero también el gozo de ver crecer al hijo. Pero cuando se ve a éste como intruso entonces no se tienen actitudes adecuadas para su desarrollo».
¿Cómo superar el hecho de que los hijos se casan y se van del hogar?
«En las encuestas realizadas se percibe que la pareja está unida por los hijos, no tanto porque se sigan amando los esposos. Esto ocasiona que los hijos se conviertan en el sentido de la propia vida. Entonces se ve al hijo como posesión y derecho. Entonces, al marcharse los hijos, se experimenta un enorme vacío. Por lo tanto hay que trabajar en mantener vivo el amor de pareja.
«Hay dos extremos: no querer tener hijos o tenerlos a toda costa. Cuando se vive ese rechazo o esa obsesión por los hijos cuesta mucho llegar al desprendimiento; se genera un vacío difícil de llenar».
¿Cuáles son los principales obstáculos para construir familias santas?
«Podríamos citar varios: en primer lugar un relativismo ético, no hay valores universales. También tenemos una antropología carente de Dios; si ese tema (Dios) no me preocupa mucho, ¿para qué me ocupo de la santidad? Todo esto crea una mentalidad egoísta y narcisista; la generosidad y preocupación por el otro desaparecen. Para rematar todo esto tenemos un sentido de desarrollo humano con un horizonte terreno: sólo importa lo material, lo espiritual se deja a un lado. Desde esta perspectiva, la santidad se ve como algo que no interesa».
¿En que sentido se dice que la familia es misionera?
«Toda la riqueza que la familia viva a lo interno, no se quede con ella. Si son discípulos y misioneros de Cristo, esa vivencia y experiencia la deben trasmitir a los demás. Convencida de que Cristo es sentido de vida, anunciaran la Buena Nueva con su trato, en su vida cotidiana, al convivir con los vecinos, en el trabajo, en medio del tráfico, los niños en la escuela. Serán familias misioneras en donde quiera que se desarrollen, simplemente con vivir los valores humanos y cristianos». |