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CULTURA 
La estrategia de Caín, ídolo de sí mismo, cuyo propio espejo le devuelve la mirada haciéndole verse de forma narcisista, es diabólica, que desune y separa sin límite alguno, acusando a todos, paso a paso.
Por Carlos Díaz Con frecuencia disfruto leyendo el Talmud. Hoy solamente quiero comentar el comentario sobre la muerte de Abel, tal y como aparece en Tanhuma, parashá Bereshit, 9. «Un ladrón había robado objetos durante la noche sin ser sorprendido. Por la mañana, el portero le preguntó: “¿Por qué has robado?”. El ladrón contestó: “Soy ladrón y he hecho mi trabajo; pero tú, que tienes como trabajo permanecer en la puerta para guardarla, ¿por qué has desatendido tu trabajo y ahora me reclamas lo que me reclamas?”. «Del mismo modo, Caín habló así: “Yo lo maté, pero tú creaste en mí la mala inclinación. ¿Eres el guardián de todo y has dejado que matase a Abel? Tú lo has matado, pues Tú eres el que eres llamado YO. Si hubieses acogido mi sacrificio como acogiste el suyo, yo no habría sentido celos de él”. «De inmediato, Dios, por su parte, le dijo: “¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano grita...” [cfr. Gn 5,10]. Y Caín le dijo: “Señor del mundo, ¡no lo sabía! No había visto ningún muerto a lo largo de todos mis días. ¿Acaso sabía que, golpeándole yo con una piedra, él moriría?” «Y Dios, a su vez, le dijo: “Maldito seas por la tierra... Cuando trabajes la tierra. ¡no te seguirá proporcionando su fuerza! [cfr. Gn 4,12]. «Y Caín le dijo: “Señor del mundo, ante tu Faz hay delatores que maldicen al hombre ante Ti. Mi padre y mi madre están sobre la tierra e ignoran que he matado a Abel; Tú, que estás en los cielos, ¿de dónde lo sabes?”. «Dios le contestó: “Estúpido, Yo sostengo el mundo entero, tal como está dicho: ¡Yo hago esas cosas y Yo las dirijo; quiero sosteneros y salvaros!”. «Caín le dijo: “Sostienes el mundo entero, ¿y no puedes soportar mi falta? ¡Demasiado grande es mi falta para que yo la soporte”. «Dios le dijo: “Por haberte arrepentido, sal y exíliate de este lugar; tal como está dicho: “Y Caín salió de delante de la Faz de Dios y se quedó en el país de Nod!”». No recuerdo haber conocido a un abogado de su propia causa tan temerario y desenvuelto como Caín, que, lejos de hablar a Dios como lo haría un israelita, es decir, con toda unción y acatamiento, se defiende como gato en jaula del horrendo crimen de haber quitado la vida a su hermano Abel. Se nos antoja más bien un desenfadado y dialéctico abogado posmoderno, capaz de enredarlo todo, como en el peligroso juego del triángulo de Karpman, donde todos somos la víctima, el perseguidor, y el. seudosalvador. Evidentemente, Caín no había leído a la judía Hannah Arent, para la cual hacer o tratar de convertir a los humanos en superfluos es la esencia del mal radical. La estrategia de Caín, ídolo de sí mismo, cuyo propio espejo le devuelve la mirada haciéndole verse de forma narcisista, es diabólica, que desune y separa sin límite alguno, acusando a todos, paso a paso. Primero acusa al Dios-Guardián: si hubieses estado despierto y en tu sitio, no habría pasado lo que ha pasado. Nuevamente acusa al Dios-Guardián con una doble incriminación: tú has matado a mi hermano, porque no lo has protegido; además, no me trataste como a él, y yo le maté porque sentía celos. A renglón seguido apela a la astucia: ¡No había visto ningún crimen! ¿Cómo iba yo a saber que golpeándole con una piedra moriría? Caín se defiende a sí mismo: tomé una piedra y produje magulladuras y lesiones, con mis manos y con mis pies, pues ignoraba por qué lugar sale el alma, hasta que llegó al cuello... Por fin, la última estrategia: ¿cómo puedes saber tu lo del crimen, si ni siquiera mis padres que están en la tierra y viven cerca de nosotros lo saben? Cuando el ser humano viene al mundo, sus manos se cierran procurando aferrar lo posible, como para decir: «El mundo entero comienza a pertenecerme». Sólo cuando ha madurado y abandona el mundo sus manos están abiertas, como para decir: «De nada me he adueñado». Por la mentira, Satanás se abre camino generando homicidio desde el comienzo. Y es que a los justos la mala inclinación se les aparecerá como una alta montaña. A los malvados se les aparecerá como un pelo de la cabellera; y éstos llorarán, y aquellos llorarán. Los justos llorarán y dirán: «¿Cómo hemos sido capaces de dominar una montaña tan elevada?». Los malvados llorarán y dirán: «¿Cómo no hemos sido capaces de dominar un pelo de la cabellera?». Y también Dios compartirá su asombro. |