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PINCELADAS 
Abrió el ataúd. Todos pasaban preguntándose: «¿Quién será el muerto?». Se asomaban al ataúd y salían silenciosos y confusos.
Por el padre Justo López Melús El párroco de la parroquia de Santa Eufrasia no sabía cómo ingeniarse para que los feligreses acudieran a Misa los domingos. Un día se le ocurrió divulgar un anuncio fúnebre: «Les comunico la muerte de la parroquia de Santa Eufrasia. Los funerales serán el domingo a las once». Acudió todo el pueblo. Ante el altar mayor estaba el ataúd sobre negro catafalco. — Hay quien dice que nuestra parroquia está muerta sin remedio -dijo el párroco-. Vamos a la última tentativa. Les ruego que pasen todos ante el ataúd, para ver por última vez a la difunta. Después de ver el cadáver, salen por la sacristía. Luego pueden entrar para la Misa Abrió el ataúd. Todos pasaban preguntándose: «¿Quién será el muerto?». Se asomaban al ataúd y salían silenciosos y confusos. Y es que al mirar el ataúd, veían, en un espejo colocado en el fondo de la caja, su propio rostro. Y la parroquia empezó a reanimarse y resucitar. |