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COLUMNA ABIERTA 
Antes trabajábamos para enriquecer a un dictador sexenal y a sus allegados; ahora trabajamos para quinientos y tantos dictadores sexenales.
Por Walter Turnbull Obviamente me dieron ganas de comentar algo, pero fue aquello un torneo de bajezas del que no atino a decidir qué fue más ignominioso: - Ver a partidos irreconciliables transar con el bienestar del pueblo: yo te dejo aumentar los impuestos si tú me permites desquitarme del IFE que no me dejó hacer trampa, y acomodar las cosas para poder hacerla dentro de 5 años. - Ver a enemigos acérrimos (ojalá pudiéramos decir contrincantes políticos) abrazarse para celebrar un perjuicio al pueblo y a la democracia. - Ver a los tres partidos poderosos realizar una reforma electoral que inició la anulación del IFE, pero no reduce la cantidad de dinero para las campañas ni crea opción a los ciudadanos para castigar a los legisladores. - Ver a tres partidos que proclaman la democracia tratar de desentenderse fácilmente de los partidos pequeños y de los posibles candidatos independientes. - Ver a los representantes de los medios oligopólicos y a los senadores de los partidos oligárquicos esgrimir la libertad de expresión (es decir, el derecho irrestricto a difamar, engañar, ofender, esconder, exagerar, ridiculizar, acosar...), que es sagrada; el control incontestado del televidente, que es sagrado; la supervivencia de los partidos pequeños, que es sagrada; la supervivencia de los comunicadores pequeños, que es sagrada; el derecho del pueblo (es decir los políticos) sobre el espacio de transmisión y el derecho del mismo pueblo (es decir los partidos) a adueñarse de él (del espacio), que son sagrados; la equidad en las campañas electorales, que es sagrada (¡Caramba, quién pensaría que eran tan piadosos!)... sin que ninguna de estas cosas les importe un pepino, con el único objetivo de asegurar sus privilegios, su poder y su diversión. Yo quiero seguir creyendo que hemos avanzado al menos un poquito y no me gustaría regresar a lo de antes, pero me doy cuenta de que todavía nos falta mucho, muchísimo por andar. Antes trabajábamos para enriquecer a un dictador sexenal y a sus allegados; ahora trabajamos para quinientos y tantos dictadores sexenales. |