|
Escrito por El Observador
|
|
Domingo 30 de Septiembre 2007 |
|
DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA 
Durante su sexenio [septiembre de 1974] se dio el caso de que fueran consideradas nocivas —y por tanto retiradas— 37 series televisivas filmadas, a causa de la violencia, que era su principal ingrediente.
Probablemente no hemos tenido otro presidente de la República que como Luis Echeverría haya vertido juicios tan duros y dictado acciones tan drásticas contra ciertos aspectos negativos de la televisión. Con ello nos dio una de cal por numerosas de arena. Todavía candidato, dijo: «Que la escuela y la radiodifusión [TV incluida] no permanezcan divorciadas, sino que se apliquen conjuntamente a la preservación de nuestro patrimonio humano. No podemos edificar en las mañanas y destruir en las tardes».
En su Segundo Informe de Gobierno afirmó: «En semanas recientes se intensificó el debate en torno a la radio y televisión. Es manifiesta la preocupación por fortalecer los derechos de la sociedad mexicana sobre esos medios y garantizar el correcto cumplimiento de las funciones que tiene asignadas (...) Los servicios de difusión deben ser más nacionales en su contenido, ofrecer mejores oportunidades de cultura, una veraz información y sano entretenimiento. Es corresponsabilidad de los concesionarios y del Gobierno darles la dignidad que nuestro pueblo merece».
En 1974 se llevó a cabo en Acapulco un Encuentro Mundial de Comunicación. Allí, ante los dirigentes de la televisión privada mexicana y personalidades tales como Herbert Marshall McLuhan y Humberto Eco, así como varios directores de medios informativos internacionales y connotados artistas, aseveró: «Pienso que la televisión ha sido un factor básico de incomunicación humana (...) Creo que la televisión ha contribuido a romper la relación intersíquica que es característica de la civilización. Pienso que ante la asombrosa pantalla el individuo está solo, aislado y pasivo. La cultura es otra cosa; la cultura es el diálogo, la cultura es la discusión, la cultura es el descubrimiento de la verdad, la cultura no es la pasividad, aunque el instrumento para la divulgación del contenido de los programas sea técnicamente asombroso (...) No significan estas reflexiones que se piense destruir las estaciones de televisión. Pierdan cuidado. Se trata de que hagamos una reflexión, una reflexión constructiva, con autocrítica». Y más adelante: «En la proporción en que estos instrumentos sirvan para hacer la apología de la violencia, para difundir la estulticia y los prejuicios, y adormecer, de esta manera, la potencialidad creadora del hombre, habremos de considerarlos instrumentos del oscurantismo, emisarios de una nueva Edad Media. Pero, en tanto que fomenten la justicia, la igualdad y la solidaridad, habremos de considerarlos instrumentos indispensables del progreso, heraldos de un futuro mejor».
Durante el sexenio de LEA [septiembre de 1974] se dio el caso de que fueran consideradas nocivas —y por tanto retiradas— 37 series televisivas filmadas, a causa de la violencia, que era su principal ingrediente. Años más tarde esas series volvieron y fueron superadas por otras en violencia y en otros «selectos» inconvenientes. Una depuración como aquella no la volveremos a ver. Ya sabemos: la libertad de expresión está, para muchos, por encima de cualquier saneamiento moral y cultural.
cfr. Herrera Enrique, Todavía tiene oficio la palabra..., México, ed. del a., 1972, pp. 129-130; Torres Barrón, Raúl, «La televisión, ’un factor básico de incomunicación humana’: LE», en Excelsior, viernes 25 de octubre de 1974] |