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Hablar de promoción para legalizar o despenalizar el asesinato del no nacido nos lleva, necesariamente, a referirnos a los promotores.
Por Jorge Enrique Mújica
Conocemos los eslóganes: derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, libertad de elección sobre cuándo tener un bebé y cuándo no, la salud psicológica de la madre, el supuesto de las malformaciones del feto...
Siendo honestos, se trata de frases hechas difundidas con un plan de promoción estratégico. Y hablar de promoción para legalizar o despenalizar el asesinato del no nacido nos lleva, necesariamente, a referirnos a los promotores.
Cada vez más países se decantan por la aprobación de leyes que avalen el así llamado «derecho al aborto». ¿Qué mueve a los legisladores a secundar el asesinato consentido por la madre y protegerlo con la ley?
Detrás de determinaciones como esas están los lobbys abortistas. Ya presionando, ya inmiscuyendo a su gente en los partidos políticos, ya ganando a los políticos para su causa, logran que sus iniciativas prosperen poco a poco. Pero, ¿qué interés particular puede tener un lobby para alcanzar ese fin? Hay dos: el ideológico y el económico.
Ideología de fondo
La teoría neomaltusiana propone planificar de modo centralizado los nacimientos de modo que sean algunos quienes decidan quiénes deben nacer y quiénes no. ¿Razonamiento de fondo? A menor número de personas, mejor distribución de la riqueza. Y como los pobres y enfermos son los que «no permiten» esa adecuada distribución, optan por la eliminación de los pobres y enfermos en lugar de erradicar la pobreza y la enfermedad.
¿Ejemplos? Margaret Sanger, fundadora de la multinacional abortista International Planned Parenthood Federation, quien apoyó abiertamente las prácticas eugenésicas de los nazis y se opuso al crecimiento de las poblaciones de negros, hispanoamericanos y pobres.
Tener el control sobre la vida de la humanidad, bajo los eslóganes multifacéticos que engatusan a no pocas personas, también permite una nueva forma de neocolonialismo de las grandes potencias. No resulta extraño que precisamente sean los países «más desarrollados» técnicamente los que tengan legislaciones a favor del aborto y lo promuevan en los países en vías de desarrollo.
Pero lo ideológico va acompañado de los réditos económicos. Si además de matar se gana dinero, qué mejor.
El aborto es un negocio
Tan sólo en Europa, según datos de 2005, países como Rumania (739 abortos por mil nacidos vivos), Bulgaria (588 por mil), Hungría (499 por mil) y Eslovaquia (355 por mil) registran un elevadísimo índice de abortos.
Según la Asociación Víctimas del Aborto, en 2008 hubo ganancias de más de 40 millones de euros por concepto de aborto en España, país que más crece en la práctica de asesinatos al no nacido.
En un reporte de ACI prensa de 2002, se citaban los siguientes datos: «Desde 1977 Planned Parenthood ha recibido 815 millones de dólares por concepto de procedimientos abortivos... Los procedimientos abortivos representan el 29% de los ingresos de Planned Parenthood... La Planned Parenthood ha practicado más de tres millones de abortos desde 1972.
En el libro El imperio de la muerte: quién se está forrando en el negocio del aborto, David del Fresno, reporta las siguientes ganancias del aborto en 2005:
«En 2005, los proyectos promovidos, dirigidos o en los que participaba la IPPF (International Planned Parenthood Federation) recibieron unos 14 millones de dólares en subvenciones y ayudas. De ellos, 3.8 provenían de la Unión Europea, 3.4 de diversos países, y 1.3 del Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA). Además, entre 2004 y 2005 recibió directamente 17 millones de dólares de fundaciones filantrópicas (como Bill Gates, Elton John, Ford o Nike) y 140 millones de países. Aunque la IPPF se presenta como organización caritativa, entre 1999 y 2006 tuvo unos beneficios de 40 millones de dólares, y 28 de sus directivos cobran más de cien mil dólares al año, y el director, más de medio millón».
¿Cuánto le cuesta a la sociedad matar a un bebé a través de un aborto?
Según Negocios.com, un aborto en Europa está en un promedio de 345 euros si se realiza antes de las 12 semanas. Si es después de la semana 20 llega a tener un costo de 1,700 euros.
El capital humano es un factor de riqueza y no de pobreza. Un país que registra pocos nacimientos tiene graves problemas de reemplazo generacional.
Pero no sólo el asesinato de los no nacidos tiene su impacto económico. El aborto también tiene implicaciones en la vida personal de las que abortan y, consecuentemente, también en el ámbito social. En un análisis del British Journal of Psichiatry de enero de 2009, especialistas neozelandeses declaran: «Ningún estudio científico ha hallado que abortar reduzca el riesgo de trastornos psicológicos».
Según la psiquiatra Carmen Gómez-Lavín, de la plataforma Derecho a Vivir y docente de la Universidad de Navarra, el 65% de las mujeres que abortan sufren estrés post traumático con el riesgo de desarrollar depresión clínica.
Las afirmaciones de la doctora Gómez-Levín se apoyan en datos publicados en el Medical Science Monitor por los especialistas J.R. Cougle, D.C. Reardon y P.K. Coleman. El síndrome post aborto también llega a causar trastornos en la sexualidad, abuso de drogas y alteraciones de la conducta.
En este sentido, según un reporte del European Public Health de 2005, las mujeres que abortan tienen un riesgo de mortalidad de entre 3 a 6 veces más elevado que de las que dan a luz. |