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DESDE EL VATICANO
El Papa recuerda a los mártires como heroicos testigos de fe y de entrega
Por Sandra Ramírez / Roma
Al presidir la oración del Ángelus el pasado domingo 9 de agosto en Castelgandolfo, el Papa Benedicto XVI propuso algunos mártires contemporáneos como modelos de santidad.
Según el Pontífice, de los santos que propone la Iglesia podemos aprender el heroísmo evangélico que impulsa a dar la vida por la salvación del alma.
«¡El amor vence a la muerte!», agregó el Pontífice tras explicar que los mártires son testigos de ese tipo de caridad que ama hasta el final, y no tiene en consideración el mal recibido, sino que lo combate con el bien.
Retomando la vida y milagros de santa Teresa Benedicta de la Cruz —Edith Stein— y san Maximiliano Kolbe, dos mártires que fueron asesinados en el campo de concentración de Auschwitz, el vicario de Cristo recordó que todos los santos «pero especialmente los mártires, son testigos de Dios que es Amor».
Los campos de exterminio, explicó Joseph Ratzinger, pueden considerarse como un símbolo extremo del mal, del infierno que se abre sobre la tierra, cuando el hombre olvida a Dios y lo sustituye, usurpándole el derecho de decidir qué es el bien y el mal, y dar la vida o la muerte. Este fenómeno no está relacionado sólo con los campos de concentración, sino que representa únicamente la punta de una realidad amplia y difundida.
Reflexionando sobre la profunda divergencia que existe entre el humanismo ateo y el humanismo cristiano, Benedicto XVI recordó a otras figuras de mártires como san Ponciano, Papa; san Hipólito, sacerdote; y san Lorenzo, diácono.
Por un lado, señaló Benedicto XVI, existen filosofías e ideologías, e incluso modos de pensar y de actuar, que exaltan la libertad como único principio del hombre, como arbitrariedad, en alternativa a Dios, y de este modo transforman al hombre en un dios, un dios equivocado que hace de la arbitrariedad el propio sistema de comportamiento. Por otro lado, tenemos precisamente a los santos que, practicando el evangelio de la caridad, hacen de la esperanza su razón, mostrando el rostro del verdadero Dios, que es Amor, y, al mismo tiempo, el rostro auténtico del hombre, creado a imagen y semejanza divina»
El Pontífice concluyó alentando a los fieles a ser, como los santos, heroicos testigos de la fe y de la entrega de sí. |