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NUESTRO PAÍS
A siete años de la canonización de san Juan Diego
Por Sergio Estrada / Corresponsal en México, D.F.
Luego de haber sido canonizado hace siete años por el Papa Juan Pablo II en la basílica de Guadalupe, san Juan Diego se ha convertido en la figura de santidad más importante para el pueblo mexicano y principalmente para las etnias indígenas del territorio nacional.
A finales de julio y principios de agosto todos los años se recuerda al vidente de la Virgen de Guadalupe con jornadas de estudios, expo-venta de artículos hechos por indígenas y la feria del libro católico, además de peregrinaciones, cambios de bastón de mando, una solemne celebración eucarística en honor del santo indígena, y procesiones entre otras actividades.
Juan Diego, modelo de cristiano
En esta ocasión las jornadas de estudio sobre el milagro guadalupano abarcaron temas como «Caminar del pueblo indígena hacia la luz» y «Santa María de Guadalupe, estrella de la evangelización», las cuales se llevaron a cabo en el Centro Pastoral.
En la primera exposición el señor canónigo Adolfo Guerrero Torres destacó la necesidad de reflexionar en Dios y en la Virgen María. En las jornadas de estudio groso modo se explicó la vida de san Juan Diego cuando tuvo el encuentro con nuestra Madre Santísima caminando de su casa a Tlatelolco en donde se formaba en sus estudios doctrinales. El expositor subrayó que el mensajero de la Virgen tuvo temor pero nunca miedo al platicar con la Virgen morena.
Resaltó que la Virgen se comunica con Juan Diego en diminutivo y, a través de esta comunicación, le muestra su cariño: «Nuestro pueblos indígenas se realizaban, en el sentido humano, en el amor. Hoy en día, los católicos no saben educar a sus hijos y los hacen egoístas. Nuestro ancestros tenían esas realidades, tenían el sentido de comunidad y formaban ciudades».
En su ponencia, monseñor Guerrero se remontó a los años en que las princesas de las casas sacerdotales vestían de color verde turquesa, al igual que el manto de la Virgen morena, y, con base en estudios muy concienzudos, resaltó que las estrellas del manto se refirieron a la manera que estaban las mismas colocadas en el cielo a las 5:30 am el 12 de diciembre de 1531, el día que la Reina del Tepeyac se apareció a su más humilde siervo.
Dios y María no olvidan a los sencillos
En medio de un ambiente de fiesta indígena, del sonido de caracoles y del incienso, se llevó a cabo la misa de acción de gracias por el VII aniversario de la canonización de San Juan Diego y la cuarta peregrinación de los pueblos indígenas a la basílica de Guadalupe. El obispo José Antonio Lerma Nolasco presidió la solemne celebración eucarística donde resaltó el papel de los humildes en la persona de san Juan Diego, donde Dios —dijo— manifestó su justicia.
En una homilía breve, el prelado destacó que hoy en día se busca a los poderosos económica y políticamente, y los sencillos quedan olvidados; pero Dios y la Virgen María nunca los olvidan.
Subrayó que ahora se reencuentra a los humildes y sencillos cobijados con el manto de Santa María de Guadalupe, y pidió la bendición de la madre de Dios por las diferentes circunstancias que vive México. |