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PÓRTICO
Por lo menos treinta mil fieles de la diócesis de Querétaro caminaron de sus lugares de origen hasta la basílica de Guadalupe, concretando la edición 119 de la peregrinación más grande de una diócesis mexicana al Tepeyac.
Por Sergio Estrada / Corresponsal en México, D.F.
Por lo menos treinta mil fieles de la diócesis de Querétaro caminaron de sus lugares de origen hasta la basílica de Guadalupe, concretando la edición 119 de la peregrinación más grande de una diócesis mexicana al Tepeyac.
Poco a poco, el atrio guadalupano se vio insuficiente por la llegada de peregrinos que fueron recibidos por su obispo, don Mario de Gasperín Gasperín, quien encabezó la celebración eucarística en la capilla abierta, donde agradeció a Dios y a la Virgen de Guadalupe el haberles permitido llegar a los pies de la Madre de Dios como «familia diocesana».
En su mensaje se refirió a la situación tan lamentable que vive nuestro país: «Los odios entre hermanos y la creciente violencia aumentan todos los días. Ciertamente esto no es plan de Dios sobre nuestra nación. El único y verdadero remedio es escuchar la voz del Buen Pastor: su Evangelio y sus mandamientos. Solo Jesucristo salva; sólo Él puede reconciliar, sólo Él puede traernos la paz».
Ante los medios de comunicación, el obispo de Querétaro puntualizó que los peregrinos se llevan la experiencia de haberse encontrado con la Virgen de Guadalupe, convirtiéndose a Dios y a su Palabra para vivir mejor en su diócesis: en medio de la crisis, la fe fortalece y se espera que de ésta se saquen fuerzas para superar las situaciones que sufren las familias». Explicó que, por motivos de falta de presupuesto, no peregrinaron las mujeres; sin embargo —argumentó—, las que vinieron lo hicieron atendiendo a su libertad, no desobedeciendo. |