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Homenaje a mis hermanos en el sacerdocio Imprimir
Escrito por Umberto Marsich, s.x.   
Domingo 26 de Julio 2009

Image Reflexión de un pobre sacerdote del Señor

Por el padre Umberto Marsich, s.x.

Con motivo del 150 aniversario del dies natalis de san Juan María Vianney, conocido como el Santo Cura de Ars (Francia), patrono de todos los párrocos del mundo, el Papa Benedicto XVI ha convocado a todos los sacerdotes a un año especial dedicado a ellos, a su «renovación interior» y a la «belleza y grandeza» de ese sacerdocioque han recibido en don, por bondad divina. Finalidad de este extraordinario jubileo sacerdotal, según la intención del Papa, es impulsar a todos los presbíteros hacia la asunción de un compromiso: el de «renovarse interiormente para que el testimonio evangélico de su vida sea, en el mundo de hoy, más intenso e incisivo». Renovación interior y testimonio evangélico, por lo tanto, deberían constituir las dos grandes aspiraciones de todos los sacerdotes a lo largo de este año a ellos dedicado.

Así, en efecto, es como Benedicto XVI explica, en la carta dirigida a los sacerdotes del mundo, en vísperas del inicio del Año Sacerdotal (19 de junio), la razón de su inspirada decisión. Lo que ayudará a los sacerdotes, a lo largo de este año, a cumplir con las finalidades del jubileo, es la propuesta de redescubrir en el Santo Cura de Ars el modelo inigualable de sacerdote para imitar su:

+ Profunda espiritualidad eucarística.
+ Total entrega pastoral.
+ Humildad y pobreza de vida.
+ Amor total al sacerdocio.

Lo que sobresale, sin lugar a dudas, respecto a esta gran personalidad de sacerdote-pastor, y que Su Santidad señala con insistencia, es:

+ El convencimiento de ser, como tal, objeto eterno del amor del Corazón de Jesús.
+ La persuasión de que el sacerdocio es un gran don de Dios al mundo.
+ El temor de que en una parroquia, dejada sin sacerdote, se llegaría a adorar las bestias.
+ La preocupación permanente por la conversión de lo parroquia.
+ La total y exclusiva identificación con el ministerio, día y noche.
 + La pasión, sobre todo, por la oración Eucarística. Significativa; en efecto, ha sido su expresión: «Vengan a vivir de Él para poder vivir con Él». 

El fervor de la vida de un sacerdote, según el Santo Cura de Ars, dependía de esta comunión de vida eucarística con Jesús, o sea, de la celebración fiel y diaria de la Santa Misa. La identificación personal con el sacrificio de la cruz de Cristo, que debería caracterizar el estilo de vida de todo sacerdote, la llevaba incansablemente a la práctica de la confesión en su desgastado confesionario. En la celebración de la reconciliación, además, tenía «palabras precisas y diferentes» para todo tipo de penitente. Es decir, tenía ese diálogo de salvación tan necesario para la conversión del penitente. Por cierto, edificaba a su pueblo con su sencilla palabra y su vigoroso testimonio evangélico. Impregnado de Palabra de Dios y, aun no teniendo obligación, con alegría y radicalidad practicaba, sin embargo, los consejos evangélicos: vivencia que caracterizó, peculiarmente, su espiritualidad y que le permitió manejar mucho dinero a favor de sus obras, permaneciendo siempre pobre y austero. La dimensión social de su evangelización y apostolado, plasmada en el amor evangélico a los pobres, sin tanto ruido tal vez, tipificó notablemente su sacerdocio, haciéndolo más creíble y auténtico a los ojos de todos los que a él se acercaban. En esto, más que maestro, fue profeta.
Nutría un gran aprecio a la dimensión fraternal del sacerdocio, puesto que creía en la «forma comunitaria» del mismo, o sea, en la comunión con el obispo y los demás hermanos. A María, desde luego, la amaba filialmente, como todo buen sacerdote del Señor.

Por fin, en la conclusión del mensaje, Benedicto XVI, muy suavemente, exhorta a los sacerdotes del mundo para que se dejen «conquistar por Cristo» y ser, así, en el mundo de hoy, esos mensajeros de «esperanza, reconciliación y paz» que se comprometieron a ser desde el día de su consagración sacerdotal a Dios, a la Iglesia y al pueblo a ellos providencialmente confiado.

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