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MAR ADENTRO
La democracia ha sido un largo camino y hoy, a pesar de muchos problemas y desencantos, existe la alternancia política.
Por Francisco Sáenz Muñoz
«Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»
El próximo domingo 5 de julio se llevarán a cabo elecciones federales —también conocidas como elecciones intermedias— para renovar la Cámara de Diputados. Se elegirán 500 diputados federales, 300 por el principio de mayoría relativa y 200 por representación proporcional. También en seis entidades del país se elegirá gobernador: Colima, Campeche, Nuevo León, San Luis Potosí, Sonora y Querétaro. Así mismo se elegirán ayuntamientos y diputados locales en dichas entidades y en otras más; así como la asamblea legislativa y las jefaturas delegacionales del D.F.
México es una democracia reciente
Aunque formalmente México ha sido una democracia, tuvieron que transcurrir más de seis décadas para que los partidos de oposición tuvieran la primera gubernatura en Baja California (1989), la mayoría en la legislatura (1997), el primer jefe de gobierno en la ciudad de México (1997) y el primer presidente de República (2000). La democracia ha sido un largo camino y hoy, a pesar de muchos problemas y desencantos, existe la alternancia política. Los partidos ganan y pierden elecciones. Es decir, los ciudadanos elegimos a unos y rechazamos a otros. Hoy nuestro voto cuenta.
Votar o no votar
El padrón electoral en México está conformado por casi 78 millones de ciudadanos con el derecho a elegir a sus próximos representantes. En el entorno actual nos encontramos, por un lado, con un clima de violencia e inseguridad por las mafias del narcotráfico y el decidido combate a las mismas que ha emprendido el Presidente de la República; y, por otro lado, con una crisis económica global originada en los Estados Unidos. Ante esta situación de incertidumbre, algunas personas han cuestionado si vale la pena el ir o no a votar, y también otros promueven el votar en blanco como señal de protesta.
En lo personal, no comparto esta alternativa ya que la abstención, anulación o voto en blanco no es una solución por varias razones:
1) No es cierto que todos los candidatos y los partidos sean iguales. Cada vez hay más posicionamientos distintos en temas cruciales para nosotros los católicos y cristianos —que somos la gran mayoría—, como la despenalización del aborto, la eutanasia, la pena de muerte y la legalización de las drogas, entre otros.
2) El marco legal que tenemos no distingue los votos anulados o en blanco como protesta. Es decir, no cuentan. Anular el voto es desperdiciar una oportunidad para apoyar o rechazar un proyecto.
3) Los electores que votamos por un partido tenemos más autoridad moral para reclamar de nuestros representantes las razones, motivos y decisiones de su actuación y de esta manera volver a votar o no por ellos.
Los católicos tenemos el deber de participar como ciudadanos y elegir a los representantes de acuerdo con nuestros principios y creencias. Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Ejerzamos nuestro derecho y salgamos a votar. |