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Escrito por Marcela García Frausto   
Domingo 30 de Septiembre 2007

FAMILIA

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Algunos autores llegan a sostener que el hombre ha sido desposeído de su paternidad y que el varón es el «sexo débil» de hoy.

Por Marcela García Frausto / mujernueva.org

Algunos autores llegan a sostener que el hombre ha sido desposeído de su paternidad y que el varón es el «sexo débil» de hoy. «Hemos pasado del reino de los padres al reino de las madres» (Sullerot, 1992). «Lo que yo deseo —escribe esta feminista— es tratar de comprender y explicar el ocaso de los padres al que asistimos en la actualidad (…) La madre se ha convertido en un progenitor completo que desempeña todos los papeles; el padre es aún un progenitor insuficiente».

Sullerot, pues, defiende la necesidad del nacimiento de un nuevo padre. Se trata de un padre que nunca más sea desterrado de su escenario natural que es el hogar, porque el hijo, sobre todo el varón, necesita de la presencia emotiva, cognitiva, espiritual y, por supuesto, física del padre.

En un tercio de las familias mexicanas no está el papá

Sin embargo, nuestro mundo parece organizarse de forma contraria a la necesaria presencia del padre. En México en un tercio de las familias mexicanas está ausente la figura paterna, y en el resto, donde los varones sí están presentes y sus esposas trabajan, sólo la cuarta parte colabora en las labores domésticas y el cuidado de los hijos (INEGI). Al cuidado de ellos, los esposos invierten en promedio 12.5 horas semanales, y sus esposas, 21 horas.

Pretextos para ausentarse de casa

No cabe duda de que el hecho de que el hombre sea el que mayoritariamente lleva los recursos necesarios para sacar adelante a la familia hace que se aleje muchas veces de ésta. Si tenemos en cuenta el horario laboral y las distancias que separan al padre de su casa, especialmente en las grandes ciudades, es lógico que su presencia en el hogar esté muy limitada. Pero muchos padres están ausentes más de lo que debieran y no les falta la junta imprevista en la oficina que sirve de coartada fácil para irse a tomar algo con los amigos o para huir de los problemas que se presentan en casa.

Hay papás que sí cumplen

Pero estos datos están lejos de indicar de modo taxativo que ésta es la situación general de todos los padres. Hay muchos que, día a día, pelean por llegar a tiempo a casa, por evitar un viaje en el único fin de semana que se tiene para disfrutar con la familia, que buscan compartir con su mujer la responsabilidad de educar a sus hijos. Estos papás saben que su paternidad es una tarea muy enriquecedora para los hijos.

La tarea de papá

La influencia del padre en sus hijos comienza ya desde el embarazo. En esas etapas iniciales, el hijo percibe mucho la influencia del padre. Collin y sus colaboradores (Dunkel-Schetter, Lobel, Scrimshaw, 1993) mostraron que el apoyo recibido del padre del niño durante el embarazo estaba relacionado con la escala de Apgar del bebé (puntuación física del estado del bebé en el momento después del nacimiento).

La dedicación del padre a la educación de los hijos no sólo pasa por el comportamiento y el ejemplo apropiado como progenitor (responsabilidad, honradez, etc.), o por la necesaria relación paterno filial (comunicación, atención a los hijos), o por el compartir más o menos las responsabilidades parentales con la mujer (ayudar en las tareas del hogar, entre otros), sino por ser, junto con su esposa, el primer y más cercano educador de su hijo.

Esta tarea no es fácil, y está hoy salpicada de dificultades, pero los padres están en condiciones de aceptar este reto. Para satisfacerlo cumplidamente, hoy surgen iniciativas que apoyan, desde distintos ángulos, las tareas propias de la paternidad. Existen escuelas de padres, cursos en universidades sobre matrimonio y familia o institutos creados para ofrecer servicios que promueven la buena paternidad. Este tipo de institutos se fundamentan en bases científicas que demuestran que los padres que combinan armoniosamente familia y trabajo son más felices y están más motivados.


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