|
«Aun en medio de las debilidades de los sacerdotes, resplandece la grandeza de Dios»: cardenal Norberto Rivera Carrera
Por Sergio Estrada / Corresponsal en México, D.F.
Acompañado de sus obispos auxiliares, y de por lo menos un centenar de sacerdotes, el cardenal Norberto Rivera Carrera, arzobispo de la ciudad de México, encabezó la celebración eucarística en la basílica de Guadalupe con la que se inauguró el Año Sacerdotal, a petición del Papa Benedicto XVI.
En esta Misa se renovó el compromiso de los sacerdotes ministeriales, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo. En el acto recordó que la práctica del sacerdocio es amar desde el corazón de Jesús y reconoció el don sacerdotal no solo para la Iglesia, sino también para la humanidad.
En su mensaje señaló que tiene presentes a todos los presbíteros, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, y destacó la labor de los sacerdotes en sus servicios apostólicos infatigables. En este sentido, se refirió a la fidelidad a pesar de las dificultades e incomprensiones con que perseveran en su vocación de «Amigos de Jesucristo», llamados personalmente, elegidos y enviados por Él.
Fidelidad en los momentos difíciles
Al referirse a las situaciones difíciles por las que atraviesa el camino de un sacerdote, el primado subrayó los sufrimientos que aquejan a los religiosos ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión e incluso —agregó— perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de sangre.
Monseñor Rivera Carrera también se refirió a las situaciones en que la Iglesia sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros. En estos casos —recomendó— no debemos resaltar las debilidades de los ministros, sino hay que reconocer la grandeza de Dios, plasmada en espléndidas figuras de pastores generosos, llenos de amor a Dios. Valoró la figura de los sacerdotes no sólo por lo que hacen sino por lo que son: personas dignas, dedicadas al ministerio, hombres de oración y de caridad pastoral con un amor auténtico a Jesucristo, a la Iglesia y al pueblo, solidarios con los pobres y con quienes sufren. El arzobispo agradeció la fidelidad de los sacerdotes a Cristo y a su ministerio sacerdotal en las diferentes comunidades eclesiales, desde las condiciones del mundo actual, y los invitó a seguir como misioneros entregados a la desafiante y apasionada tarea de su gran misión.
Externó su preocupación por las dificultades y exigencias por las que pasa el trabajo de los ministros, y reconoció que la mies es mucha y los trabajadores escasean.
Se refirió a las incoherencias en que incurren los presbíteros, reconociendo que unos pocos se han involucrado en graves problemas, pero, ante todo, agradeció el don inmenso del sacerdocio ministerial que se ha recibido de Cristo y que lucha con fidelidad amorosa. |