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Escrito por Antonio Maza Pereda   
Domingo 21 de Junio 2009

LOS VALORES DE LOS MEXICANOS

Image ¡No tengo ganas de votar! Además, todos los candidatos son malísimos. Y aunque no lo fueran, de todas maneras nada va a cambiar. ¿Para qué? Además, qué flojera levantarse en domingo, hacer cola, para que luego mi voto no importe. Son razones. Son reales. Pero, ¿son buenas razones?

Por Antonio Maza Pereda

¡No tengo ganas de votar! Además, todos los candidatos son malísimos. Y aunque no lo fueran, de todas maneras nada va a cambiar. ¿Para qué? Además, qué flojera levantarse en domingo, hacer cola, para que luego mi voto no importe. Son razones. Son reales. Pero, ¿son buenas razones?

Estoy de acuerdo en que éstas han sido las campañas políticas de la mediocridad. Candidatos malos, en el mejor de los casos; ofertas políticas inexistentes, el dominio de la mercadotecnia sobre la razón. No dan ganas de votar. Pero, al ejercer nuestro derecho al voto, no sólo estamos votando por los candidatos. Estamos votando, en primer lugar, por la democracia. Estamos diciendo a esos políticos malísimos que aceptamos el sistema democrático. Estamos diciendo que ni siquiera los candidatos malos, ni los partidos preocupados exclusivamente por su propio bienestar, nos pueden apartar de una visión democrática de la política.

¿O es que volver a los métodos de elección de gobernantes que tuvimos en la mayor parte del siglo 20 es mejor que la situación actual? ¿Será mejor la dictadura sexenal que la dictadura de los partidos? Finalmente, ambas son dictaduras: la primera, la dictadura perfecta de la que hablaba Vargas Llosa; la segunda, una extraordinariamente molesta: la dictadura de unas minorías abusivas que dicen actuar en nuestro nombre.

¿Cuál sería nuestro mensaje a estos dictadorcitos si no votamos? Que no nos importa lo que hagan. Que lo que importa es formar un «voto duro», incondicional y dispuesto a vender su sufragio por unas cuantas despensas. Sobre todo, que no creemos en la democracia y que no estamos preparados para ejercerla.

No hay elecciones sin importancia. Y éstas, posiblemente, son una de las más importantes de nuestro tiempo; en ellas se juega nuestro concepto de ciudadanía. Si no queremos ninguna clase de dictadura, tenemos que votar.

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