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FAMILIA 
El testimonio de la presencia de doce mil personas.
Por Yusi Cervantes Leyzaola Doce mil personas —o más, si contamos a quienes fueron por la mañana y no pudieron quedarse todo el día— se reunieron para celebrar a la vida el pasado 8 de septiembre en el estadio Corregidora en la ciudad de Sanitago de Querétaro. Para celebrarla, sí, y, con su mera presencia, manifestar su convicción de que la vida humana debe respetarse desde la concepción hasta la muerte natural. Son tiempos de persecución para la Iglesia de Cristo Los dos obispos asistentes, Pedro Agustín Rivera, en la primera conferencia, y Mario de Gasperín, obispo de Querétaro, en su homilía durante la Misa al término del Festival, hicieron hincapié en que la vida siempre es un don. Don Mario dijo: «No tengan miedo de recibir la vida que lleva una mujer en sus entrañas». Resuenan los ecos del mensaje del papa Juan Pablo II: «No tengan miedo». Estamos nuevamente en tiempos de persecución para la Iglesia de Cristo, pero las armas hoy en día son, sobre todo, ideológicas y emocionales. Los cristianos, con frecuencia, tenemos miedo a no ser aceptados por nuestras creencias. «No tengan miedo», nos decía el Papa. «No tengan miedo», repite el pastor de Querétaro. ¿Y luego, qué? El mensaje fue recibido por doce mil personas en el estadio, y por miles más a través de la televisión católica, del semanario Comunión Querétaro, de la página en internet de la Diócesis de Querétaro, por medio de la difusión de DVDs del Festival, ahora mismo a través de estas líneas en El Observador… ¿Y luego, qué? ¿Hasta dónde está dispuesto cada uno de nosotros para luchar de un modo concreto por la vida y la cultura de la vida? El testimonio de Betty Smith Como han hecho Betty Smith y su hija Sarah, quienes se han dedicado, a través de su impactante testimonio, a defender la vida. Betty cuenta cómo, después de cinco hijos, decidió no tener ni uno más, y cuando el médico la felicitó porque venía el sexto en camino, Betty pidió el aborto. A la semana el médico se lo practicó. Raspó con una cucharilla filosa el vientre de Betty y sacó en pedazos un bebé. Inmediatamente que despertó de la anestesia, cuenta ella, se sintió inmensamente triste, culpable y desesperada. No era para menos: había hecho matar a su hijo. Semanas después sintió una fuerte patada en su vientre. Fue el día más feliz de su vida. El médico reiteró que había sacado un bebé, por lo tanto Betty había estado esperando gemelos. Y ahora se negó rotundamente a que ese otro bebé, Sarah, fuera abortado. Y ahí estuvieron, madre e hija, para dar fe del profundo dolor que genera el aborto y del gran don que es la vida. Habla Rubén, sacerdote argentino El sacerdote argentino Ruben Revello, especialista en bioética, revisó y rebatió con gran precisión cada uno de los más importantes argumentos de quienes favorecen el aborto. Posiciones sustentadas, sí, en la fe, pero también en la ciencia y en la razón, son cada día más necesarias en esta lucha por la vida, donde a lo natural en el hombre y la mujer cada vez con más frecuencia no se le considera humano. Las propuestas de la cultura de la muerte Theresia Pfennich Díaz abordó el problema, por su parte, desde el análisis de la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte. ¿Cuáles son nuestras propuestas? ¿Hasta dónde estamos conscientes de que la cultura de la muerte ha penetrado nuestras vidas a través de los medios de comunicación, de expresiones artísticas, de la defensa de supuestos derechos, de compasión mal entendida; en suma, de ideologías que aparentan ser lógicas y coherentes? Habla el hermano de la asesinada Terri Shindler-Schiavo La vida tiene un principio y un fin, y sobre ese término compartió Bobby Shindler la historia de su hermana Terri y de la larga batalla que libró su familia contra las cortes de su país, la opinión pública, los médicos y el esposo de Terri, batalla que finalmente perdieron y Terri murió de una muerte terrible, la deshidratación, pues su marido logró que se aprobara que le quitaran el alimento y la hidratación. Desde entonces, Bobby y su familia han trabajado incansablemente por defender a los pacientes que puedan ser víctimas de la eutanasia. Todo esto ocurrió a lo largo del día en que miles de personas se reunieron para celebrar la vida. Y no llovió. Por supuesto. Nuestro Dios y Señor también estaba de fiesta. |