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Los riesgos de la libertad Imprimir
Escrito por Jaime Septién   
Domingo 23 de Septiembre 2007

PÓRTICO

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«La peor amenaza para la libertad no es que uno se la deje quitar, es que uno haya perdido el aprecio por ella, que ya no se la comprenda».

Por Jaime Septién

El primer riesgo de la libertad, sobre todo para los jóvenes de hoy, es tener un concepto de libertad como el de los comerciales de la televisión. ¿Cuál es este criterio?  Muy sencillo: libertad es igual a hacer lo que me viene en gana; no tener ataduras; vivir la vida a fondo; no preocuparte más que del yo, del aquí y el ahora.

Georges Bernanos: «La peor amenaza para la libertad no es que uno se la deje quitar –porque quien se la ha dejado quitar puede reconquistarla siempre—, es que uno haya perdido el aprecio por ella, que ya no se la comprenda».

El aprecio de algo se pierde cuando es demasiado sencillo cambiarlo por cualquier cosa.  Con la libertad pasa lo mismo.  Si se usa de manera poco creativa, acaba por parecerse demasiado a la esclavitud.  Al obedecer, solamente, a tus instintos, no estás siendo libre de tus instintos (como dice que lo eres la publicidad televisiva), sino esclavo de tus instintos. Don Juan no es más libre porque haya conquistado muchas mujeres; es más esclavo que nadie, porque quiere encontrar en la multiplicidad lo que solamente es posible encontrar en la singularidad.

A la pregunta (socarrona) de Lenin, «La libertad, ¿para qué?», el mensaje de la tele suele contestar por ti: «libertad para mí». Sin embargo, ¿puede haber libertad sin el otro? Poéticamente, nadie lo ha expresado mejor que el español Luis Cernuda:

«…Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío…»

Casi ninguno de nosotros podría pensar en la libertad como una forma de estar ligado al otro y hacer lo que hace feliz al otro.  La verdadera revolución, sin embargo, se produce cuando aspiramos a la perfección para nosotros y a la felicidad para los otros. Cuando hacemos la voluntad de quien nos creó y no la voluntad de nuestro capricho.

El poema de Cernuda es maravilloso porque apunta al sentido extremo de la libertad que es el amor.  No la emancipación del amor sino la entrega absoluta del yo al otro:

«… Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no
muero, porque no he vivido».

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