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Ya no sé qué hacer con mi hija adolescente Imprimir
Escrito por Yusi Cervantes Leyzaola   
Domingo 19 de Abril 2009

FAMILIA

Image ¿Qué puedo hacer?, estoy desesperada, porque siento que se me sale de las manos, y es muy niña y confiada; temo por ella...

Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA

Le saludo desde Costa Rica, enviándole los mejores deseos para usted y su estimable familia. 

Tengo una hija de 15 años, que además es hija única.  No vivimos con su papá desde que ella tiene tres años, y además él se fue a vivir a los Estados Unidos desde que ella tiene 6 años,  o sea, tiene ahora nueve años de no ver a su papá. La relación con él ha sido muy conflictiva porque depende de la pareja que tenga de turno, cambia constantemente en su relación con nuestra hija; a veces se acerca y se interesa mucho, y cuando está empezando una relación nueva se aleja y prácticamente ni la llama. Ella siempre me ha dicho que su papá no la quiere y que no es importante para él. Su papá, cuando habla con ella, le dice que la ama, pero sus actos le dicen lo contrario. No le ofrece ninguna estabilidad emocional, eso siento y veo yo.

Yo ha tratado de apoyarla, guiarla y protegerla todo lo que he podido. Cabe destacar que no he tenido ninguna relación de pareja con nadie desde que mi esposo y yo nos separamos; me he dedicado a ella, a trabajar y ver por la casa.

Mi sueño es verla en el futuro feliz, realizada, como  una persona de bien, profesional y con un buen futuro asegurado. Que su carrera sea su mayor hobby, para que trabaje con dedicación y amor a lo que haga.

Mi hija siempre ha tenido un carácter fuerte y muy demandante, pero he visto un cambio muy drástico desde la muerte de mi mamá, hace ocho meses.  Mi mamá cuidaba de mi hija mientras yo trabajaba, pero ahora llega del colegio y se queda solita en casa unas seis horas aproximadamente, y ella me dice que no quiere estar sola, que por qué yo la dejo, que falte algún día o tarde a trabajar, pero la verdad no puedo exponer tanto mi trabajo.

Pero, si estamos juntas en casa, como los fines de semana o feriados, pasa largas horas frente al televisor, o escuchando música, y casi ni habla conmigo, ni me ayuda en casa, sólo si yo se lo pido y de no muy buena gana.

Le ha dado por irse después de clases para la casa de una compañera, sin pedirme permiso, ni avisarme, y cuando le llamo la atención se enoja, y dice que por qué me tiene que pedir permiso, que no anda haciendo nada malo, y quiere salir, e irse a quedar donde una compañera sin mi permiso; es que ni siquiera me consulta, solo dice voy a ir… y cuando le llamo la atención me dice: yo voy a ir.

El otro día me pidió permiso para hacerse un «percing» en el labio inferior. Le dije que lo iba a pensar y que también dependía de sus calificaciones al final de trimestre; entonces, como quería hacérselo rápido, se fue un día a la casa de esa compañera y se la abrió, y cuando llegué en la noche del trabajo lo tenía puesto. Le llamé la atención, pero ¿qué podía hacer ya? Y ahora quiere hacerse uno en el ombligo. Le dije que no me parece, pero creo que va a hacer igual que con él del labio. ¿Qué puedo hacer?, estoy desesperada, porque siento que se me sale de las manos, y es muy niña y confiada; temo por ella, además que cuando se le llama la atención se va a caminar de noche, sin decir nada, para que yo crea que se fue de la casa, y me da miedo que la asalten o le pase algo.

Ayúdeme, doctora, deme algún consejo, que la estoy pasando muy mal; con el duelo de mi madre y ahora estas actitudes de mi hija, a veces siento que ya no puedo más. ¿Cómo le pongo límites, sin que me haga más escenas de que se va de la casa, y se exponga a que la asalten o algo peor, porque no mide peligros, o se vaya donde sus amigas sin permiso?

Además, me preocupa porque cree en todo lo que dicen los muchachos. Ella sólo ve la imagen que le dan, y no tiene esa malicia o desconfianza; se deja convencer muy fácilmente de lo «buena gente de sus amistades» y, la verdad, eso me asusta mucho. Yo le hablo y le hago ver la realidad y que no todo se puede creer, pero no entiende nada. Le he pedido que veamos a una psicóloga que la atendió de niña cuando su papá se fue,  pero ella no quiere,  dice que no está loca y que no la necesita. 
La verdad, ya no sé que hacer.

RESPUESTA

Aunque es larga su carta, la dejé completa porque ilustra claramente situaciones que viven muchas familias hoy en día y que podría resumir en esta frase: los adolescentes son unos tiranos y los padres se someten a ellos.  ¿Por qué? Evidentemente, les tienen miedo y temen también las consecuencias de sus amenazas. 

Como sociedad, hemos soltado a muchos adolescentes a su suerte.  No reconocen la autoridad de los padres ni la de la escuela. La guía de las religiones no significa nada para ellos y pasan por encima de las leyes civiles con toda tranquilidad.  Ellos experimentan que no hay consecuencias.  No hay castigos, no hay límites...  Las consecuencias vendrán después: alcohol, drogas, delitos, cárcel, embarazos precoces, abortos, multitud de parejas sexuales, enfermedades de transmisión sexual, violencia, suicidio...  Y los padres dicen: siempre tuvo un carácter rebelde, nunca quiso obedecerme, se negó a recibir ayuda...

Lo primero que tiene que hacer usted es asumir su papel de madre con todos los derechos, no solamente con todas las obligaciones. Es decir, tanto usted como su hija necesitan ver con claridad que usted es la madre, ella la hija; usted manda, ella obedece.  Y esto urge, porque la chica tiene quince años y si no toma medidas ahora, después, cuando lo intente, podría ser demasiado tarde.   No estoy diciendo con esto que hace falta una actitud autoritaria e intransigente.  Para nada.  Eso sería igual de grave.  Lo que hace falta es una relación madre-hija basada en el amor, el respeto, la comunicación, la responsabilidad...  donde quede claro que usted es la madre, no la proveedora, ni la empleada doméstica.  Tiene que aprender a ser firme, a poner límites claros y a sostener las consecuencias. 
Digo que esto urge, pero no urge tanto como para que no se dé usted antes un breve tiempo para prepararse y asesorarse.  Lea libros sobre cómo educar a los adolescentes, acuda a una escuela para padres de adolescentes, si es que la hay en su comunidad, vaya con esta psicóloga a la que conoce a que la asesore, acuda a un sacerdote de su confianza... 

La ayuda psicológica para su hija no es opcional, no es si ella quiere. Es cierto que si ella se resiste y no colabora con la psicóloga, podría ser inútil; pero un buen psicólogo o psicóloga, con experiencia en el trato con adolescentes, tiene herramientas para lograr que su hija se involucre en su terapia.  La chica está cargando ya con dos grandes duelos: el del papá ausente y el de la abuela recién fallecida, además de sufrir la difícil situación de una madre que tiene que trabajar todo el día. Habrá que explicarle, aunque probablemente usted lo ha hecho ya, que la ayuda psicológica no es para los locos, sino para personas comunes y corrientes que enfrentan dificultades en el campo de las emociones, los pensamientos, las actitudes o las relaciones. 

Sería muy bueno, si fuera posible, que usted consiguiera recorrer su horario de trabajo y salir más temprano.  O encontrar otro trabajo con un horario más accesible. Aunque claro, sabemos de la crisis que vive el mundo y lo difícil que es encontrar empleo; también hay que considerar su antigüedad en su actual empleo, su salario, las prestaciones, etc...  Si no hay remedio para su horario de trabajo, al menos procure dedicar tiempo de calidad a su hija durante el fin de semana.  Establezcan una hora para platicar, vea películas con ella, salgan a pasear un rato...

No sé qué medidas deberá tomar para hacerse obedecer.  Si cuenta con el apoyo de familiares o amigos, tal vez alguno de ellos pudiera apoyarla cuidando a su hija por las tardes.  No sé tampoco con qué apoyos gubernamentales o sociales pueda contar.  Vea la posibilidad de un medio internado, de donde pudiera recoger a su hija al salir del trabajo, o en caso extremo, de un internado completo.  Pero lo primero es lograr comunicarse con su hija, cambiar las reglas equivocadas de la relación y asumir cada una su papel.  Manténgase firme, no se deje manipular, pero al mismo tiempo exprésele a su hija el gran amor que le tiene.  También exprésele, no como regaño, no como queja, sino con el corazón en la mano, cómo se siente usted con todo esto.

No deseo hacerla sentir mal, pero su experiencia puede también ayudar a jóvenes que estén considerando casarse y que no han pensado las cosas con la claridad necesaria, por eso quisiera preguntar: su esposo, cuando eran novios, ¿mostró señales de su irresponsabilidad?  ¿Cuáles fueron los motivos de cada uno para casarse?  ¿Se dieron tiempo y la sinceridad necesaria para conocerse realmente?  ¿Usted cree que él verdaderamente la amaba?  Ojalá hacerse preguntas como estas ayude a los jóvenes a tomar decisiones correctas en cuanto a la elección de la persona con quien desean unir sus vidas.
 
No desespere, pero tampoco se cruce de brazos.  No se quede sola con el problema, hay muchas personas que pueden ayudarla.  Con el favor de Dios, todo se solucionará favorablemente para usted y su hija, si ambas ponen algo de su parte.

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La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o al correo electrónico: .  Citas al teléfono 403 29 43

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