|
DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA 
Recé. Y sigo rezando. Y Dios ha seguido escuchando. Y respondiendo.
Por Claudio de Castro Hace algunos meses le había dicho a Dios que deseaba más tiempo libre, para servirle, para orar. Parece que tomó muy en serio mis palabras. Al mes perdí el empleo y ahora tengo todo el tiempo para dedicarselo a Él, a la oración y a mi familia. Es una maravilla. Un regalo del Altísimo. Qué loco, ¿verdad? Hay tanta presencia de Dios en mi vida, que me parece ver en todo su santa voluntad. En estos acontecimientos hay algo de Dios y no me pregunto: «¿Por qué?», sino: «¿Qué deseas de mí, Señor? ¿Qué puedo hacer por Ti?» Son tantos los caminos que tenemos frente a nosotros... ¿Cómo elegir? ¿Cómo saber en cuál haré la voluntad de Dios? Lo primero que hice fue un tiempo de oración. Los grandes santos, las grandes empresas de nuestra fe, se inician con algo tan sencillo como la oración. Recé. Y sigo rezando. Y Dios ha seguido escuchando. Y respondiendo. Las puertas se abren de par en par y yo quedo pasmado, porque una cosa es hablar de Dios y otra es vivirlo, sentir su presencia. |