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Seminario de los Misioneros de San Carlos Borromeo Imprimir
Escrito por Sergio Estrada   
Domingo 08 de Febrero 2009

UN DÍA EN EL SEMINARIO

Image Nuestra misión: dar atención pastoral a los migrantes de todo el mundo  (scalabrinianos)

Por Sergio Estrada / Corresponsal en México, D.F.

El objetivo del seminario de los misioneros de San Carlos, mejor conocidos como scalabrinianos, es preparar a jóvenes que, a ejemplo de monseñor Juan Bautista Scalabrini –fundador de esta congregación–, procuren la atención pastoral a los migrantes de todo el mundo, así como a refugiados y desplazados que han dejado su lugar de origen por razones políticas o sociales.

La congregación de los scalabrinianos fue fundada el 28 de noviembre de 1887 en Piacenza, Italia, cuando el pueblo emigraba en gran número a América, particularmente a Estados Unidos. En ese momento, Juan Bautista Scalabrini detectó en sus visitas pastorales que los migrantes carecían de una atención pastoral adecuada y no había sacerdotes que los pudieran atender, con sus idiomas y costumbres; y es así como el obispo Scalabrini funda un Instituto de misioneros para que se dediquen a la atención pastoral y social de los migrantes.

Presencia scalabriniana
Los Misioneros de San Carlos están presentes en 31 países. A México llegaron en 1985 y paulatinamente fueron abriendo casas para la acogida de los migrantes en Tijuana, Ciudad Juárez y Tecún Umán, Guatemala; después en Tapachula y apoyos en Nuevo Laredo y Agua Prieta.

La congregación recibe a los aspirantes procedentes de preparatorias en el Curso Introductorio. Este propedéutico —en un seminario ubicado en Guadalajara, Jalisco— sirve para paliar algunas carencias educativas, mediante clases de ortografía, redacción, lectura, geografía e historia, entre otras materias, que ayudan a fortalecer los estudios de los aspirantes, además de ser una introducción a la vida religiosa, señala el padre Miguel Álvarez, rector del seminario Scalabrini.
Enclavado al sur de la ciudad de México, los Misioneros de San Carlos cuentan con el centro de estudios filosóficos donde los jóvenes que han sido llamados por Dios estudian filosofía. Además, adquieren los medios necesarios para el crecimiento humano y espiritual para que se vaya incrementando su fe en Dios a lo largo de la misión y los candidatos se formen  de manera integral.

Vocación migrante
El joven Anselmo Campuzano Martínez, de Iguala, Guerrero, y abogado de profesión, con 25 años de edad y que actualmente cursa el segundo de filosofía,  nos comenta su experiencia de vivir en Cristo: «Cuando acabé la preparatoria tenía la inquietud del seminario; veía algunas revistas de migración y ahí comencé a tener conciencia. El hecho de estar en contacto con aquellos que son golpeados por la migración y de ver en ellos el rostro de Cristo cuando van cruzando la garita de deportación; observar los rostros de los migrantes derrotados, frustrados y cansados es algo muy fuerte, y todavía más, ver a las mujeres y niños y familias completas maltratadas; ahí se manifiesta la necesidad de Dios y se ve al Cristo migrante. Me sentía con un vacío y esto me llena para colaborar en las actividades a favor de los migrantes».

El carisma de los misioneros scalabrinianos es para la atención a los migrantes, para divulgar la situación migratoria en México y en países centroamericanos. Estas situaciones se siguen a través de los medios de comunicación y otras alternativas como el internet hoy en día.

Camino al sacerdocio
Veinticinco seminaristas, distribuidos en 3 años de filosofía, comienzan con un primer contacto llamado promoción vocacional. El inicio se da al sentir la inquietud de los jóvenes para consagrarse a la vida misionera y después de un tiempo de acompañamiento son invitados a participar en distintas convivencias durante la Pascua o la Navidad.

Cuando los aspirantes se sienten convencidos solicitan ser admitidos al programa de formación de los misioneros de san Carlos, que implica una primera etapa con el curso propedéutico. Después son enviados al seminario de filosofía en la ciudad de México por 3 años. Al término de este período se pide el ingreso a la etapa del postulantado, experiencia de vida común y con servicio al migrante en alguna de las Casas del Migrante.

Después pasan al noviciado por un año, donde, en un clima de silencio y oración, meditación y estudio,  profundizan en la vida religiosa, particularmente en la espiritualidad propia de la Congregación, para luego hacer la profesión religiosa. Posteriormente son enviados a estudiar teología en el extranjero: en Buenos Aires, Roma Chicago, Bogotá, Sao Paulo o Manila, detalló el padre Álvarez, rector de este seminario.

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