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El padre Raniero Cantalamessa, OFMCap, predicador de la Casa Pontificia, considera que en la medida en que haya familias unidas es posible cambiar las leyes para que éstas defiendan y apoyen a la familia. Así lo explica en esta entrevista concedida a Zenit-El Observador.
Por Mercedes De la Torre / Corresponsal en Roma
Uno de los grandes problemas de las familias de nuestros días es el desamor. ¿Qué solución pueden encontrar las familias? «El matrimonio nace de la humildad, de un acto de humildad; es reconocer su dependencia, la necesidad del otro, y no se mantiene vivo y sano sino en la humildad. El orgullo es el enemigo número uno del matrimonio y hace que el amor desaparezca.
«Yo pienso que, más que defender el matrimonio cristiano frente a la sociedad, a la cultura, tenemos que mejorar la calidad de la familia cristiana, trabajar para que las familias cristianas sean verdaderamente un lugar donde se realiza el proyecto inicial de Dios, en el que el hombre y la mujer experimenten entre sí un amor que les lleve al deseo del Amor Infinito y Eterno».
Durante su participación en el EMF afirmó que los cristianos debemos proponer al mundo más con hechos que con palabras, como lo fue en los primeros siglos de la Iglesia. «Yo he dicho —y lo pienso— que los primeros cristianos, especialmente en los tres primeros siglos, cambiaron con sus costumbres las leyes del Estado. Ahora nosotros no podemos pretender hacer lo contrario, es decir, cambiar las costumbres con las leyes del Estado. Como ciudadanos debemos hacer lo posible para que el Estado adopte leyes buenas, positivas y no contra de la vida, pero esto no bastará. No bastará porque en una sociedad plural como la de hoy los cristianos en algunos países son ya la minoría y entonces estamos más cerca de la situación de los primeros siglos». ¿En qué consiste la de-construcción actual de la familia? «Es como si el hombre quisiera reinventar el hombre, la mujer, el matrimonio...; por ejemplo, con el proyecto de abolir los sexos, según el cual no hay un sexo definido sino que se construye según el deseo.
«El de-constructivismo también propone abolir la maternidad, porque se ve la maternidad como una esclavitud; entonces, se piensa dar a luz a los hijos de otra manera, muy artificial. Estos son propósitos verdaderamente peligrosos, deshumanos.
«Tengo mucha confianza en el sentido común de la gente y también en el instinto, en el deseo del otro sexo, y en el deseo de la maternidad y paternidad, que son valores que Dios ha puesto en el corazón humano. Pero pienso que estas propuestas pueden hacer mucho daño». |