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La pseudocultura en la televisión Imprimir
Escrito por Mayela Fernández de Vera   
Domingo 08 de Febrero 2009

PANTALLA CHICA

Image Hoy en día no podemos desvincular la influencia de la televisión del concepto de cultura. La televisión da y quita...

Por Mayela Fernández de Vera

Gustavo Soler, en un artículo titulado La cultura de la anticultura, señalaba lo siguiente: «Existe actualmente una manera de difundir autores, realizar congresos, generar lo que se llaman eventos o exposiciones de pintura, concursos, y reiterar, reiterar y reiterar el nombre de dos o tres escritores o pintores o poetas, sin que ello sea otra cosa que una enumeración repetida y vacua, que el común de la población recepta, repite y se va formando con todo ello una espesa capa de malentendidos, lugares comunes y hechos consabidos. Se dice lo que se dice y no hay necesidad de analizar o de leer. ‘El consagrado mantiene su pedestal por tradición oral.’

«No se puede deslindar la cultura del destino de Nación, de la problemática humana, de la temporalidad, la herencia, la sangre, el deber, la superación y, en definitiva, la epopeya. No es el término cultura una invitación para divertir a burgueses el fin de semana o en las horas libres de trabajo. Es, debe ser, un llamado a la reflexión, a ahondar las ideas del mundo que estamos viviendo, a saber avizorar el porvenir y al mismo tiempo llevar ‘la belleza’ —en la forma en la que la entendían los griegos— a las clases humildes» (Revista Istmos, 6 de julio de 2007).

Hoy en día no podemos desvincular la influencia de la televisión del concepto de cultura. La televisión da y quita, selecciona los representantes del arte y la cultura por intereses económicos y promueve constantemente la programación barata, sustentada por la ignorancia y la carencia de valores trascendentes en nuestra sociedad. La cultura, producto natural de la intelectualidad y la creatividad humana, está siendo pisoteada por la vulgaridad y el vacío de contenido de los programas de televisión, donde se sostienen los pensamientos cotidianos del ciudadano común. Los criterios que ganan lugar se apoyan en las opiniones de la televisión, donde la belleza, la verdad y la bondad son sustituidas por lo grotesco, la mentira, el morbo y la violencia. En las televisoras necesitamos empresarios valientes y con altos ideales, que rescaten los valores culturales antropológicos e históricos de nuestro país y la cultura internacional, para que la pongan en la mesa de todos, principalmente en la de aquellos que difícilmente podrían pagar por ella. Necesitamos empresarios de televisión que den más que circo a los televidentes, que promuevan la cultura en los que aun yendo a la escuela son analfabetas, en quienes aun teniendo libros no entienden las palabras; necesitamos fomentar la cultura en la televisión para favorecer principalmente a los sectores más vulnerables de la sociedad, que se empobrecen más cada día con los pobres contenidos de los programas pobres de la televisión.

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