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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Una vez terminado el Encuentro Mundial de Familias, no podemos quedarnos como antes. Porque este magno esfuerzo puede fracasar. Pero, ¿en qué consistiría su fracaso?...
Por Antonio Maza Pereda
Una vez terminado el Encuentro Mundial de Familias, no podemos quedarnos como antes. Porque este magno esfuerzo puede fracasar. Pero, ¿en qué consistiría su fracaso? No en que los medios lo ataquen o lo distorsionen, ya sabíamos lo que iba a pasar. No en que le salgan opositores; esos oponentes ya estaban ahí antes del encuentro, solamente se hicieron visibles. El verdadero fracaso, el enorme fracaso sería el que nosotros, los católicos, lo ignoremos. Que, una vez pasado el encuentro, sigamos como siempre. Como si nada hubiera ocurrido.
Ciertamente, no es de esperarse que en cinco días se convenzan los enemigos de la familia y de la vida, de que hay otra visión mucho más profunda. No esperábamos que las empresas adopten un enfoque de familia. Tampoco se esperaba que los medios de comunicación ovacionaran el encuentro. Pero sí es de esperarse de que los padres y madres católicos se convenzan (nos convenzamos) de la importancia de nuestro papel y que, en consecuencia, nos decidamos a hacer más por nuestra familia y por las familias en riesgo.
Preguntémonos: ¿Qué vamos a hacer para que nuestra familia sea más feliz, más alegre, más nutriente del alma de nuestros hijos? ¿Cómo vamos a contribuir a la salvación eterna de nuestro cónyuge e hijos? ¿De qué modo concreto vamos a ser una familia más funcional, en lo que más importa? ¿Cuáles de nuestros defectos vamos a corregir?
Por otro lado: ¿Qué vamos a hacer para ayudar a las familias que están en riesgo? ¿Qué vamos a hacer por las familias abandonadas por el padre o por la madre? ¿Qué haremos por las familias donde el padre o la madre han muerto? ¿Qué haremos por las familias donde papá o mamá son los que provocan el dolor, la pena y el daño a los hijos?
Este magno encuentro no fracasará por las críticas que se le hagan. No fracasará por la ignorancia de los que deberían tomar en cuenta sus recomendaciones. Pero puede fracasar si no mueve nuestros corazones. Si no cambia nuestra visión, nuestro sentido de responsabilidad hacia nuestra familia y hacia otras familias que nos rodean. |