Lo más alarmante de todo es lo último que menciona: que está deprimida y no encuentra motivos para vivir.
Por Yusi Cervantes Leyzaola
Pregunta
En este momento tengo problemas con mi hija (edad 15 años). Yo creo que son originados por la adolescencia. Sin embargo, noto en ella cambios en su actitud, los cuales me preocupan mucho. Está muy rebelde, se está juntando con personas que le hacen daño, todos los comentarios que le hago para ayudarla con ejemplos, consejos, etc., le molestan y no hace caso. Ha caído en una gran depresión e inclusive ha llegado a expresar que no hay motivos por qué vivir.
Respuesta
Lo más alarmante de todo es lo último que menciona: que está deprimida y no encuentra motivos para vivir.
La rebeldía en los adolescentes es normal, incluso necesaria para su desarrollo. En esa etapa tienen que hacer a un lado los criterios de los padres para formar los propios. Sin embargo, necesitan todavía la guía de la autoridad de los padres. Por ejemplo, el chico o la chica no están de acuerdo con la hora de llegada que le marcan los padres. Protesta, se enoja. Los padres deben exponer sus razones —ser autoridad, no autoritarios—, escuchar los argumentos de sus hijos y, si hay lugar, es decir, si los hijos tienen razón, cambiar la hora límite de llegada.
Los cambios a las reglas no han de darse por cansancio o por evitar el conflicto, sino porque en verdad los padres se dan cuenta de que han exagerado, o que el hijo o la hija ha crecido y requiere más espacio para ejercer su libertad, siempre con responsabilidad. Pero siempre debe haber límites que sirvan de guía para seguir el camino correcto. Volviendo al tema de la hora de llegada y a las salidas en general, los límites deberán ser muy diferentes a los 15, a los 18 y a los 21. A los 15 años no hay permiso para consumir alcohol, no se puede admitir que entren a lugares donde no se admite menores, y los padres deben encargarse de recoger a sus hijos o asegurarse de que lo hará un adulto responsable.
Decía que la rebeldía es necesaria para el desarrollo de los adolescentes, sí, pero al final, estos deberán sujetarse a la autoridad de los padres, aunque no estén de acuerdo. Los padres, tener al mismo tiempo firmeza y cierta flexibilidad. Por ejemplo, según las circunstancias, tal vez media hora es un buen margen de tolerancia a la hora de llegada; aplicar un castigo si el hijo llega tarde cinco o diez minutos es excesivo; pero también está mal ignorar que llegó una hora tarde. Otro punto importante es cómo se expresa la rebeldía: no se pueden admitir faltas de respeto ni de los hijos ni de los padres.
Respecto a las personas que hacen daño a su hija, si esto significa que la han influenciado a cometer acciones erróneas, es hacia éstas que deben enfocarse. La consecuencia puede ser, por ejemplo, que no tenga permiso de salir con esas personas en cierto tiempo. Valdría la pena ofrecerle otras actividades, ayudarle a conocer jóvenes de ambientes más sanos. También es muy importante la comunicación entre ustedes, los padres, con ella. En un diálogo amoroso, escucharla hablar respecto a esas personas y aconsejarla con prudencia.
Este asunto de relacionarse con personas dañinas para ella probablemente tenga que ver con el aspecto más preocupante de los que plantea: la depresión. Es normal que los adolescentes tengan cambios drásticos en el ánimo, incluidos días de tristeza, pero no es normal la depresión y el no encontrar motivos para vivir. Si la chica se siente falta de amor y comprensión, tal vez sea esto lo que la orilla a aceptar relaciones no sanas para ella. Es necesario que su hija reciba atención profesional, y es probable que la atención la requiera toda la familia. Si tiene sospechas de que el problema de su hija tiene que ver con situaciones familiares inadecuadas, quizá valga la pena que de entrada busquen una terapia familiar, al mismo tiempo que una individual para su hija.
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