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LOS VALORES DE MÉXICO
Pocas veces vemos, tristemente, que se hable del gozo, la alegría, la felicidad que genera la familia y que se da en una gran cantidad de familias. ¿Acaso no deberíamos lograr que a nuestras juventudes les parezca que formar familia es una gozosa aventura, un bien al que deberían todos de aspirar?
Por Antonio Maza Pereda
Empezamos este año 2009 con un acontecimiento de resonancia mundial: el sexto Encuentro Mundial de las Familias. De los días 13 a 18 de enero se desarrollará en la ciudad de México este Encuentro al que están invitadas todas las diócesis del mundo. Un gran acontecimiento, sin duda alguna.
Hace ya más un año que se ha hecho una preparación para este evento; entre otras cosas, se ha repartido en diferentes parroquias y diócesis un documento para preparar una reflexión en torno al tema del Encuentro: La familia, formadora en los valores humanos y cristianos.
Es interesante el enfoque positivo que se le ha dado a esta preparación. En muchas ocasiones se hecho un énfasis, tal vez excesivo, en las fallas y los peligros que se presentan en la familia actual. Se lamenta, y con razón, el número de divorcios, familias en situaciones de riesgo, el abandono que hacen de la familia el padre o la madre, y otros problemas. En esta ocasión se ha hecho énfasis en lo positivo de la familia.
Pocas veces vemos, tristemente, que se hable del gozo, la alegría, la felicidad que genera la familia y que se da en una gran cantidad de familias. ¿Acaso no deberíamos lograr que a nuestras juventudes les parezca que formar familia es una gozosa aventura, un bien al que deberían todos de aspirar?
Padres y madres de familia: pongamos nuestras manos sobre el corazón y respondámonos esta pregunta: ¿Vivimos nuestra vida familiar de tal manera que a los jóvenes, que a nuestros hijos, les nazca un ardiente deseo de formar una familia? Porque estamos viendo y viviendo el terrible hecho de que a los jóvenes les da temor formar una familia. Al oír hablar tanto de los problemas familiares les da miedo a muchos tomar ese camino. En otras palabras: para muchos la familia no es un bien al que se aspira. O si se ve como un bien, parece de tal manera inalcanzable y tan graves las consecuencias de sus fallas, que no se deciden a formar una familia.
Y esto no es una especulación. Las estadísticas nos muestran que cada vez es menor el porcentaje de las parejas que se casan y que cada vez crece más el número de parejas sin hijos o que ni siquiera van más allá de las relaciones ocasionales.
¿De qué manera podemos cada uno de nosotros, padres y madres, demostrarle con hechos al mundo que la familia es un camino de felicidad y que vale la pena formar y mantener unida a la familia que hemos formado? Aquí está un buen tema de reflexión para prepararnos al magno acto que tendremos en este mes. |