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Dignitas personae, a la defensa de la vida Imprimir
Escrito por GAMA   
Domingo 11 de Enero 2009

PROMOCIÓN HUMANA

Image La Congregación para la Doctrina de la Fe ha hecho pública en días pasados la instrucción  Dignitas personae, sobre cuestiones de bioética. El documento actualiza el anterior sobre el mismo tema, Donunm vitae, de 1987, y da al embrión la categoría de persona

La Congregación para la Doctrina de la Fe ha hecho pública en días pasados la instrucción  Dignitas personae, sobre cuestiones de bioética. El documento actualiza el anterior sobre el mismo tema, Donunm vitae, de 1987, y da al embrión la categoría de persona. Para conocer el contenido y trascendencia de este documento platicamos con Fernando Pascual, sacerdote de la Legión de Cristo, profesor de filosofía y bioética en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, y colaborador cotidiano de El Observador en cuestiones de bioética.

¿Por qué motivos la Iglesia sintió la necesidad de publicar este nuevo documento?
«La Iglesia tiene la misión de iluminar las conciencias de los católicos y de las personas de buena voluntad ante problemas y situaciones que necesitan un discernimiento ético. En este caso, las técnicas de fecundación artificial se han desarrollado notablemente en los últimos años, por lo que era necesario recordar criterios ofreciéndonos la instrucción Donum vitae, aplicados a las nuevas situaciones».

En concreto, ¿cuáles son las principales novedades de este documento?
«Además de que se ofrece un resumen de los criterios éticos que han de tenerse en cuenta, Dignitas personae toca los siguientes temas: la inyección intracitoplásmica de esperma (una variante de la fecundación in vitro), el problema de los embriones congelados, la congelación de óvulos, la reducción embrionaria, el diagnóstico preimplantatorio, la intercepción (a través del uso de la espiral y de la píldora del día después), la contragestación (con el recurso a la RU 486), la clonación, la terapia génica, las investigaciones con células troncales (stem cells) adultas y embrionarias, la creación de embriones híbridos...».

Son muchos argumentos...
«Sí, y sobre los mismos el documento establece los criterios para un discernimiento ético que se hacía imprescindible. Estamos hablando de técnicas que se aplican a la vida humana en sus fases iniciales. Si el ser humano tiene una dignidad intrínseca y ha de ser considerado siempre como persona, esto vale no sólo cuando es adulto y puede hacer valer sus derechos, sino también cuando es un embrión que se desarrolla en los momentos iniciales de su existencia».

Algunos verán el documento como un conjunto de prohibiciones, y dirán que la Iglesia es enemiga de la ciencia.
«Es cierto que el documento ofrece numerosos ‘no’ ante las técnicas que implican un daño a la vida o la salud de los embriones, y ante todo acto que no respete la correcta transmisión de la vida desde el amor de los esposos y según una antropología bien fundada. Se trata, usando una fórmula de Juan Pablo II, de denunciar el peligro de una ‘ciencia sin conciencia’. A la vez, detrás de cada ‘no’ hay un gran ‘sí’: un sí a la vida, al respeto, a la defensa de los más débiles, al matrimonio, a la familia, y a una ciencia con ética y con conciencia».

Hay un punto que durante años ha dividido a los teólogos, y es el tema de los embriones congelados abandonados. ¿Qué dice el documento sobre este punto?
«Creo que ante una situación tan compleja el documento ofrece una indicación muy clara: hay que tener valor para cambiar leyes y comportamientos que han llevado a ‘producir’ y congelar injustamente a miles de embriones. Es decir, la sociedad y los gobiernos deberían dar el paso para prohibir todas las técnicas de reproducción extracorpórea, así como la congelación de embriones. Mientras no se llegue a dar este paso, los distintos esfuerzos propuestos para tutelar a los embriones congelados serán insuficientes y el problema seguirá aumentando con el pasar de los años».

¿Qué acogida tendrá un documento como este?
«Todo depende del grado de sensibilidad ética de las personas y del esfuerzo por parte de los obispos, los sacerdotes y los que defienden una bioética bien fundada para saber explicar la riqueza de la instrucción Dignitas personae. Como se dice al final de la misma y como ya hemos recordado, no se trata simplemente de un conjunto de prohibiciones, sino de una invitación valiente a cultivar y promover una ciencia y una bioética realmente respetuosas de la dignidad del hombre en todas sus etapas, desde que es concebido en el seno materno hasta que llega al momento de su muerte natural».

GAMA

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