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MEDIOS DE COMUNICACIÓN
El cine y la familia son dos dualidades casi inseparables; el cine familiar permite que los espectadores vayan construyendo relaciones llenas de diálogo, de ejemplos, de motivación.
Por María Velázquez Dorantes
El cine y la familia son dos dualidades casi inseparables; el cine familiar permite que los espectadores vayan construyendo relaciones llenas de diálogo, de ejemplos, de motivación.
Niños del cielo (1997) Se centra en la historia de dos hermanos y su lucha por conseguir un par de zapatillas para ir a la escuela. Niños del cielo narra una historia que transcurre en los alrededores de Teherán, en una familia de clase baja. En la familia de estos chicos se transmiten las tradiciones, la solidaridad con los vecinos y la honestidad, aun cuando todo falta. Ambos van aprendiendo las tareas propias de la división de roles femenino y masculino al interior de la familia. Nos muestra los modos en que los adultos cumplen la función de cuidar, transmitir y filiar. El padre ciego de la compañera de Zahra muestra un afectuoso vínculo con su hija y gasta lo poco ganado en comprarle zapatos nuevos.
La gran familia (1962) Trata la vida de una familia numerosa, de 15 hijos. El padre es el único que aporta dinero al hogar con su trabajo de aparejador y su pluriempleo, que lleva con jovialidad y optimismo. Pero no todo son alegrías, porque 15 hijos son un tremendo problema a la hora de comer, vestir, ir al cine. Se han realizado varias secuelas de esta película tanto en cine como en televisión. La primera fue La familia y uno más, dirigida también por Fernando Palacios en 1965. En 1979 Pedro Masó, productor de la saga, se puso tras la cámara para rodar La familia, bien, gracias, una película mucho más amarga, con guión de Rafael Azcona y del propio Masó. La última película, de 1999, es La gran familia... 30 años después dirigida, asimismo, por Pedro Masó.
Lloviendo piedras (1993) Bob, trabajador en paro, vive con su mujer Anne y su hija Coleen en un barrio pobre del norte de Inglaterra. Está pasando por una situación económica muy complicada pero, fiel a las tradiciones católicas, hará lo que sea necesario para que su hija lleve un bonito vestido el día de su primera comunión.
Mi familia (1995) Tres generaciones de una misma familia de inmigrantes mexicanos ven crecer la ciudad de Los Ángeles a su alrededor, mientras tratan de integrarse en la sociedad estadounidense y conseguir sus sueños de prosperidad. Una familia capaz de resistir la pobreza, el racismo y la xenofobia o de sortear los conflictos más variados o los cambios de mentalidad y las formas de vida que depara el simple transcurrir del tiempo.
En lo profundo del océano (1999) Beth Cappadora es una fotógrafa felizmente casada con Pat, un restaurador. Ambos viven en Madison con sus tres hijos. Mientras se halla en un hotel con ellos, el más pequeño, Ben, de tres años, desaparece y, a pesar de una búsqueda frenética y la cobertura de los medios de comunicación, no consiguen hallarlo. Se basa en una novela de Jacquelyn Mitchard. Nueve años más tarde lo encuentran, se reencuentra con su familia pero no logra recordar a nadie. El cariño de una madre vence todo.
El espejo para ver a la familia Lo cierto es que el cine es un espejo de emociones y sentimientos. Siempre hay historias que maravillan al espectador. Ver una buena película despierta los sentidos, y más aquellas que están encaminadas hacia los valores humanos. La lista de las producciones cinematográficas que aportan grandes ejemplos para la familia es enorme. Existen filmes pro familia que han roto récord de taquilla, y que, gracias a sus argumentos, penetran en los espectadores. Ejemplo de ello es la cinta el Tío Nino, que tiene como eje la visita de un excéntrico pariente italiano cuya visita ayuda a curar una familia estadounidense dañada.
Además de que el cine habla de la familia, tiene la ventaja de que también puede ser visto en familia, un espacio para la convivencia humana, y que invita a la reflexión en comunidad entre padres e hijos, entre hermanos, abuelos y nietos, como es el caso de la cinta El Camino a Casa, donde se observan la convivencia de un abuelo y un nieto, el aprendizaje que hay entre las generaciones.
El cine rompe las corazas, siembra valores positivos y brinda posibilidades de aprender, con un potencial formativo propio de nuestros tiempos. También es un espacio estético que, en conjunto con toda su belleza, deja al espectador siempre agradecido por lo que la gran pantalla le puede ofrecer. |