JHS
   Viernes 30 de Julio 2010   Inicio arrow No. 703 (28 de diciembre de 2008) arrow Adiós y bienvenida
Inicio
Buscar
Archivo
Contacto
Nosotros
Directorio
Suscripciones
Boletín gratuito
¡Escucha México!
Noticias Zenit
Enlaces
¡Ayúdenos!
Una franquicia diferente

Mausoleum - Diseño, fabricación e instalación de nichos y osarios

Síguenos en Facebook

Síguenos en Twitter

Síganos en Issuu, vea y lea la edición impresa completa

Blog de un periodista católico: Jaime Septién

Red de periodistas, escritores y medios católicos de habla hispana

El mundo visto desde Roma

Red Global Católica

Valorar la sexualidad de acuerdo al plan de Dios

Iluminando al mundo

Misioneros de Guadalupe

El lugar de encuentro de los católicos en la red

Fuentes RSS
Adiós y bienvenida Imprimir
Escrito por Jaime Septién   
Domingo 28 de Diciembre 2008

PÓRTICO

Image Ahora todo el mundo vuelve los ojos hacia atrás y se pregunta: ¿qué hemos hecho mal para caer tan en picada? Es muy sencilla la respuesta…

Por Jaime Septién

Llegamos —ahora sí, providencialmente— al final de 2008. Un año que la historia habrá de recordar como el de la segunda crisis financiera más grande después de la de 1929. Crisis financiera que —como ha repetido el Papa Benedicto XVI— es producto de dos cosas: de la avidez por el dinero que ha propiciado el neoliberalismo salvaje, y del abandono de la ética del bien común entre los agentes de la especulación. Comenzó todo esto en Estados Unidos. Todavía no vamos ni a la mitad. La OCDE (el llamado «club de los ricos») prevé 20 millones de desempleados adicionales en 2010; algo así como el 10 por ciento de la Población Económicamente Activa de los países miembros; entre ellos, México.

Ahora todo el mundo vuelve los ojos hacia atrás y se pregunta: ¿qué hemos hecho mal para caer tan en picada? Es muy sencilla la respuesta: nos hemos olvidado de que un sistema social, económico y político es sólido en la medida que se basa en la ética del bien común, y que esa ética está sustentada en fuertes convicciones religiosas. No es posible que un «agente del mercado», o el mercado mismo, tengan convicciones diferentes a la ganancia máxima (sin importar cómo) si no tienen idea de que cada uno de los pobladores de este planeta —blancos, negros, cafés, amarillos— somos hijos de Dios, iguales en dignidad y en derechos; iguales en oportunidades y en capacidades; en fin, que cada uno de nosotros es una historia sagrada que —como repite Jean Vanier— tiene que florecer para que se de en él (especialmente en el más pobre o desvalido) la manifestación de la gloria de Dios.

Nada de esto ha entendido ese semidiós de la modernidad que es «el mercado». Nada de esto han entendido los gobiernos que le han apostado todo al desarrollo de las fuerzas económicas y nada al desarrollo de las fuerzas morales. Hoy, que estamos al final del año en el que hizo explosión un estado de cosas insostenible (e injusto), Dios Nuestro Señor nos pide abandonarnos a su Misericordia y acogernos a su Providencia; es decir, dejar atrás el hombre viejo (el de la avidez de dinero) y encontrar en el servicio al otro, en el amor cristiano y en la eficacia del bien, el camino por donde transita la gracia. Es la revolución que espera no «los mercados» sino el corazón de los hombres.

<Anterior   Siguiente>

Pancarta
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org. La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor. Las palabras de "El Observador de la Actualidad" y el logo son Marca Registrada. D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2010