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Escrito por Gudrun Kugler   
Domingo 16 de Septiembre 2007

¡EUROPA POR CRISTO!

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Una elegante señora estadounidense acompañaba a la madre Teresa mientras ésta cuidaba a los enfermos. Al ver lavar a un leproso, giró la cara con disgusto y dijo: «Yo no haría esto ni por un millón de dólares». La madre Teresa le contestó: «Yo tampoco».

Por el Dr. Gudrun Kugler

Una elegante señora estadounidense acompañaba a la madre Teresa mientras ésta cuidaba a los enfermos. Al ver lavar a un leproso, giró la cara con disgusto y dijo: «Yo no haría esto ni por un millón de dólares». La madre Teresa le contestó: «Yo tampoco».

La madre Teresa tenía una motivación mucho más fuerte, su visión cristiana del hombre: «entender al hombre como una imagen de Dios», «reconocer a Cristo en cada hombre» y «ver el valor del hombre en su ser persona» y no como un elemento de la cadena de producción, o como un objeto de deseo.

El hombre es impresionante: un hombre no es algo, sino alguien. No está solamente sometido a sus instintos. Es una «persona», portadora de su propio mundo: la percepción, la reflexión, el deseo, la aspiración y finalmente la decisión, crean una única vida interior que finalmente se centra en la búsqueda del bien, la verdad y la belleza. La habilidad para amar, es decir, la entrega de uno mismo, es específicamente humana y personal. Estas experiencias y observaciones bastan para probar la dignidad inherente al hombre, sus derechos y su protección. Pero como cristianos podemos ir más lejos: no sólo el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, sino que al convertirse Él mismo en hombre, Dios lo elevó al nivel de amigo y heredero.

La meta de la política no debe ser el mayor bien para el mayor número de personas, sino que debe conseguirse el mejor bien posible para todos. Los débiles también deben tener apoyo, incluso si no puede verse ningún sentido ni productividad a sus vidas. Para el Estado, debido a esta visión cristiana del hombre, la explotación y la coacción están fuera de lugar y los derechos humanos deben ser respetados.

Europa está marcada todavía por los valores de la Cristiandad: muchos tienen una visión cristiana general de la persona. Pero, en la medida en que esta visión se desliga de sus raíces y de su fe, ésta se disuelve y se pone más en peligro a todo el mundo.

Cuando las convicciones cristianas ya no son relevantes en la vida pública, aparece un fatal desequilibrio entre nuestras posibilidades tecnológicas y nuestra fuerza moral. Por lo que el debate de hoy sobre la definición de Europa no es un combate de gente nostálgica, sino una gran responsabilidad para la humanidad de hoy.


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