Me siento frustrada. En mi familia hay muchos conflictos… nadie cambia nada y seguimos con los mismos problemas. Yo ya no sé qué hacer...
Por Yusi Cervantes Leyzaola
PREGUNTA
Me siento frustrada. En mi familia hay muchos conflictos, comenzando con mis papás, que siempre están en una lucha de poder. Se complicó más cuando los mayores se casaron e intervienen nueras y yernos. Yo hablo con todos, les hago ver sus errores de una manera amable. Nadie se ha molestado por como les digo las cosas; es más, cada uno me da la razón y reconoce que se equivoca, pero de ahí no pasa, nadie cambia nada y seguimos con los mismos problemas. Yo ya no sé qué hacer, si mejor alejarme de todos, si ya no decir nada, o qué.
RESPUESTA
Está bien que digas a cada miembro de tu familia lo que percibes y que los aconsejes para mejorar las relaciones entre ustedes. Es un acto de amor aconsejar, incluso reprender al prójimo, cuando esto se hace con respeto y delicadeza. Pero tienes que tener la humildad suficiente como para aceptar que no está en tus manos que ellos cambien.
Las personas pueden cambiar, eso lo vemos día a día. A veces hay cambios muy grandes, radicales, que ocurren casi de un día para otro y que, generalmente, van ligados a una experiencia fuerte. Pero esto no es lo común. Lo normal es que los cambios ocurran poco a poco, en un proceso difícil, con recaídas, con momentos en los que parece que no hay un avance.
Para que alguien cambie necesita, en primer lugar, tener conciencia de que necesita cambiar. El siguiente paso es que quiera y decida hacerlo. Entonces tendrá que buscar la ayuda necesaria: terapias, asesorías, dirección espiritual, guías, lecturas... Tendrá luego que entrar en el proceso y examinar su progreso día a día. Es casi seguro que encontrará obstáculos que le impiden crecer. Para poder avanzar tendrá que resolver primero esas situaciones.
Por ejemplo, si una mujer que no logra comunicarse profunda y eficazmente con su esposo encuentra que en su infancia fue maltratada por su padre y eso le ha generado temor hacia los hombres, tendrá que sanar esas heridas para poder entonces relacionarse en forma adecuada con su esposo.
Volviendo a tu asunto: Probablemente varios de los miembros de tu familia se dan cuenta de que necesitan cambiar, y tal vez hasta quieren hacerlo, pero o no saben el camino a seguir, o tienen obstáculos internos que les impiden crecer. También es posible que no quieran cambiar, quizá por que intuyen las dificultades que esto trae consigo. Pueden tener miedo a enfrentarse a sí mismos. Otra posibilidad es que su conciencia de necesitar cambiar sea superficial o confusa y en realidad no sea algo que aparezca con tal claridad que los mueva a luchar por ello.
En todo caso, tu papel se limita a ayudarles a ver y a aconsejar lo mejor que puedas, y nada más. No amargues tu vida haciendo depender tu felicidad de algo que no te corresponde resolver y en donde no tienes poder para lograr cambios. Ora mucho por ellos. Tú has hecho lo que tenías que hacer, el resto suéltalo, pon a tu familia en manos de Dios. Se requiere para esto un ejercicio de humildad y acrecentar la virtud de la esperanza. Esto te acercará más a tu Creador.
La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico:
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