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EL OBSERVADOR EN EL VATICANO
Dios «no soporta esas formas hipócritas de quien dice ‘Señor, Señor’ y después descuida sus mandamientos».
Por Sandra Ramírez / Roma
El pasado 23 de noviembre, día en que la Iglesia celebra la solemnidad de Cristo Rey, el Papa Benedicto XVI afirmó que el Reino de Dios no es una cuestión de honores y apariencias, que Dios «no soporta esas formas hipócritas de quien dice ‘Señor, Señor’ y después descuida sus mandamientos».
Durante la oración tradicional del Angelus dominical en la plaza de San Pedro, el Santo Padre reflexionó sobre la realeza universal de Cristo juez y la misión que el Padre confió a Jesús en dar a los hombres la vida eterna.
En este sentido, el Pontífice señaló la manera en que Dios quiere con todo su corazón nuestro bien y que su Reino acoge a quienes se esfuerzan día a día por poner en práctica su Palabra.
«En su reino eterno Dios acoge a cuantos se esfuerzan día a día por poner en práctica su Palabra. Por esto la Virgen María, la más humilde de todas las criaturas, es la más grande a sus ojos y se sienta a la derecha de Cristo Rey (…) Al Señor le importa nuestro bien, es decir, que todo hombre tenga la vida, que especialmente sus hijos más ‘pequeños’ puedan acceder al banquete que Él ha preparado para todos».
Citando la parábola del juicio final que narra el Evangelio de san Mateo, el Papa explicó a los fieles reunidos en la plaza la importancia del mensaje que transmite: la verdad sobre nuestro destino último y sobre el criterio bajo el cual seremos evaluados.
«Esta conocida página forma parte de nuestra civilización. Ha marcado la historia de los pueblos de cultura cristiana: la jerarquía de valores, las instituciones, las múltiples obras benéficas y sociales».
«El reino de Dios no es de este mundo, mas lleva a su realización todo el bien que, gracias a Dios, existe en el hombre y en la historia. Si ponemos en práctica el amor por nuestro prójimo, entonces damos espacio a la señoría de Dios, y su reino se realiza entre nosotros. En cambio, si cada uno piensa solamente en los propios intereses, el mundo caminará hacia su ruina», agregó Joseph Ratzinger. |