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Los consagrados, ¿también podemos recibir psicoterapia? Imprimir
Escrito por Yusi Cervantes Leyzaola   
Domingo 30 de Noviembre 2008

PREGUNTA

Image Tengo dudas acerca de la posibilidad de pedir apoyo para recibir psicoterapia. Pertenezco a una congregación religiosa.

PREGUNTA

Tengo dudas acerca de la posibilidad de pedir apoyo para recibir psicoterapia. Pertenezco a una congregación religiosa. Últimamente me he sentido decaída, el doctor me dijo que no había una causa física, que probablemente sea emocional y me recomendó ir con un psicólogo.

Mi superiora no se opone, al contrario, nos ha dicho que cuando sea necesario nos apoya. Pero siento temor por comentarios que he escuchado en el sentido de que si un consagrado —sacerdote, religioso o religiosa— o un seminarista necesitan psicoterapia significa que no deberían estar donde están, que estas formas de vida son solamente para personas sanas. Me da miedo de que con sólo verme en la sala de espera haya gente que hable mal de la Iglesia.

También he notado que algunas hermanas mías —de congregación— ven con malos ojos la idea de que una de nosotras busque este tipo de ayuda. ¿Qué me aconseja?

RESPUESTA

Los consagrados y las personas preparándose para ello en el seminario o como novicias y postulantes, son seres humanos como cualquier otro. Perfecto, sólo Dios; los seres humanos estamos en la lucha cotidiana por imitarlo.  De modo que somos imperfectos.  Y necesitamos ayudarnos unos a otros en este camino: necesitamos al agricultor, al maestro, al comerciante, al obrero…  Y, en el campo de la salud, necesitamos al médico, al dentista, a la enfermera y también al psicólogo.

Dios no llama a la vida consagrada solamente a personas cuyas familias de origen sean estables, armoniosas y funcionales.  No: Dios llama también a hijos de familias desintegradas o con problemáticas complicadas, y que, por tanto, probablemente tienen heridas emocionales que sanar.  Claro que para ingresar a la vida consagrada hace falta un mínimo de madurez y estabilidad emocional, pero eso no significa estar más allá de todo conflicto o bache de tipo psicológico.  Tal vez sea un conflicto en el presente que reactiva algo que en el pasado no quedó bien resuelto, o quizá también sea una situación que se sitúa solamente en el presente pero que igual provoca angustia o inquietud: en cualquiera de los dos casos la persona se beneficiaria mucho si recibe la ayuda adecuada, que bien podría ser psicológica.

Ir al psicólogo no significa estar loco, tampoco implica inmadurez o incapacidad y mucho menos ser una mala persona.  Al psicólogo van personas que buscan ayuda para resolver situaciones que no han podido abordar solos y respecto a las cuales una tercera persona, preparada para ello, con un punto de vista objetivo, puede ayudarles a comprender y a encontrar alternativas y caminos de crecimiento. Aunque la psicología como ciencia y como terapia tiene relativamente pocos años, la ayuda psicológica es tan vieja como la filosofía, de donde surge, y que en la antigüedad se enfocaba más a encontrar el mejor modo de vivir.  En la vida religiosa muchos directores espirituales y muchas madres superioras han desempeñado la función de la ayuda psicológica. Santa Teresa de Jesús, por ejemplo, era una excelente psicóloga para sus hijas.  Sin embargo, el trabajo de los directores y superiores es mucho; afortunadamente, pueden ahora confiar ciertas funciones en personas capacitadas para ello, en este caso en psicólogos que, además de ser buenos profesionistas en su campo, comprendan la vida religiosa. Cada vez más los seminarios, los sacerdotes diocesanos y las congregaciones religiosas se abren al apoyo psicológico, y también más psicólogos católicos buscan prepararse para comprender mejor la vida religiosa.

En resumen: si consideras que necesitas ayuda psicológica y tu superiora te apoya en esto, no te preocupes por nada más.  Busca esa ayuda. Es parte de tu búsqueda para ser mejor hija de Dios.

**********

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá por este medio las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico:

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