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Rey sin palacio, sin trono, sin corte, sin honores y sin soldados Imprimir
Escrito por J. Jesús García y García   
Domingo 23 de Noviembre 2008

ESPECIAL: CRISTO REY Y LA CRISTIADA

«...Y SU REINO NO TENDRÁ FIN»

Image Ejerce su poder únicamente con la fuerza del amor, del perdón, de la humildad y de la mansedumbre. Su reino es para los pobres y humildes de corazón, para los mansos, los pacíficos y los misericordiosos, para los perseguidos por la verdad y la justicia.

Por J. Jesús García y García

En muchas ocasiones el Redentor fue prefigurado como Rey por los profetas. Prácticamente en todo el texto sagrado se habla del Reino de Dios, y en todo tiempo el salmista se dirige vehementemente al Señor Todopoderoso y a su Ungido.

El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 783) nos dice: «Jesucristo es Aquel a quien el Padre ha ungido con el Espíritu Santo y lo ha constituido ‘Sacerdote, Profeta y Rey’». Y agrega: «Todo el Pueblo de Dios participa de estas tres funciones de Cristo y tiene las responsabilidades de misión y de servicio que se derivan de ellas».

La idea moderna de Cristo Rey

Leemos que la idea moderna de Cristo Rey (mucho tiempo después de aquella proclamación hecha en Florencia en 1527 ante las amenazas de un sitio y una peste) fue elaborada en torno a 1860 por el jesuita francés Henri Ramière, quien consideraba que el triunfo de la revolución francesa debía ser contrastado por los cristianos con un compromiso político dirigido a la construcción del «reino social de Cristo». Era una respuesta polémica a una revolución que había negado a Dios y destronado a Cristo para proclamar los derechos del hombre, considerado el verdadero rey. Esta teología política de Cristo Rey sirvió para justificar la intervención de los creyentes en el ámbito temporal e inspiró el nacimiento de las obras sociales y de los movimientos políticos de los católicos europeos en el siglo XIX, que tuvieron su base espiritual en el «Apostolado de la Oración», red internacional de los jesuitas, fundada por el padre Gautrelet, uno de los principales difusores de la realeza de Cristo, unida a la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús (vid. CÁRCEL ORTÍ Vicente, Persecuciones religiosas y mártires del siglo XX).

Sant Margarita entra en escena

La combinación del culto a Cristo Rey con el dedicado al Sagrado Corazón de Jesús pudo darse porque en el siglo XVII Santa Margarita María de Alacoque fue eficaz promotora de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Merced a ello surgió y se popularizó enormemente la práctica de la Comunión en los viernes primeros y circuló profusamente aquella imagen del Redentor mostrando su Corazón refulgente, «más brillante que el sol y transparente como un cristal, con una herida claramente visible, rodeado por una corona de espinas y con una cruz encima de él» (HAVERS). La santa fue canonizada por Benedicto XV el 13 de mayo de 1920.

México se consagra a Cristo

Corría el año jubilar 1913-1914, en que se conmemoraba la libertad concedida a la Iglesia por Constantino el Grande, cuando fue señalado por el episcopado mexicano el 6 de enero del 14 para llevar a cabo en todas las catedrales y templos principales del país una consagración al Corazón de Jesús. La jerarquía ya había aprovechado la oportunidad para solicitar a la Santa Sede la facultad de coronar solemnemente con las insignias de la majestad real las imágenes del mismo Corazón Deífico, en señal de sumisión y humilde vasallaje. Era la primera vez en la historia que país alguno hacía semejante petición. Pío X accedió a ella y en su breve de 12 de noviembre de 1913 dice, en lo conducente: «...lo aprobamos de buen grado. Mas como quiera que el Rey de la gloria eterna haya sido ornado con corona de espinas, la cual, mucho más hermosa que el oro y las piedras preciosas, vence en esplendor a las coronas de estrellas, las insignias de la majestad regia, es a saber, la corona y el cetro, habrán de colocarse a los pies de las sagradas imágenes...».

El primer grito de ¡Viva Cristo Rey!

El 11 de enero de 1914, cinco días después de efectuada la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, fue proclamado el Reinado Temporal (terrenal) de Cristo en México por miles de personas de todas las clases sociales, marchando en manifestaciones cívicas en ciudades y pueblos, y fue entonces cuando, por primera vez y al unísono, fue lanzado al aire por el pueblo el grito ¡Viva Cristo Rey!, que después sería el santo y seña de las milicias que salieron a defender los derechos humanos en lo que se refiere a la libertad religiosa.

Finalmente, la fiesta eclesiástica

Años después, Pío XI, por su encíclica Quas primas del 11 de diciembre de 1925, instituyó la festividad litúrgica respectiva: «...por tanto, con Nuestra Autoridad Apostólica, establecemos la Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo Rey, decretando que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre...». Y alguna vez  el propio Papa comentó que para decretar lo anterior había tomado en cuenta la actitud fervorosa que los mexicanos mostraron aquel 11 de enero de 1914. En lo que duró el auge de la Acción Católica, ésta fue su principal fiesta, y a celebrarla entusiasta y dignamente dedicaba todo su empeño. Hace algunos años que la fiesta de Cristo Rey fue trasladada al último domingo antes del Adviento.

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