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Escrito por José Manuel Otaolaurruchi, L.C.
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Domingo 16 de Septiembre 2007 |
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HOMBRE NUEVO 
Conozco mucha gente a la que le gusta que se le hable derecho, de frente, con las cosas claras y sin rodeos, pero cuando les dices sus verdades raras veces tienen la nobleza de alma como para aceptarlas.
Por José Manuel Otaolaurruchi, L.C. Conozco mucha gente a la que le gusta que se le hable derecho, de frente, con las cosas claras y sin rodeos, pero cuando les dices sus verdades raras veces tienen la nobleza de alma como para aceptarlas. Ya lo dice el refrán: «El que dice verdades, pierde amistades». En esto abundan los ejemplos. Cuando el cardenal Alfonso López Trujillo habló claro sobre la ineficacia de los preservativos con una sólida base científica, le llovieron los insultos hacia su persona, pero ninguno demostraba lo contrario. En cambio, los relativistas morales son aplaudidos aunque siempre están apelando a argumentos sentimentales. ¡Qué fácil! Los padres quieren saber cómo va su hijo en el colegio, pero si la maestra les dice que es testarudo, cansón, indisciplinado, que tiene bajo rendimiento, aquella profesora se convertirá de inmediato en una bruja. Lo mejor es hacer un panegírico al muchacho y todo arreglado. ¡Qué belleza de maestra! O ¿qué pasaría si la muchacha del servicio osase hacerle una observación a la patrona? ¡Cómo! ¡¿Quién se ha creído?! O al revés, cuando tu jefe te llama para decirte que estás llegando tarde, que estás lento, que no rindes… ¿Verdad que duele? |