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El mal humor no refleja a Jesús Imprimir
Escrito por Mayela Fernández Martínez   
Domingo 16 de Noviembre 2008

Image El mal humor crónico está en contra del espíritu cristiano. Despertar de mal humor,  comenzar el día de mal humor y terminarlo de la misma forma, diariamente y por años, es un mal humor crónico.

Por Mayela Fernández Martínez

El mal humor crónico está en contra del espíritu cristiano. Despertar de mal humor,  comenzar el día de mal humor y terminarlo de la misma forma, diariamente y por años, es un mal humor crónico. Puede parecer que los malhumorados argumenten que el mundo y las personas cercanas tienen un complot específico contra ellos, para molestarlos en todos los detalles que más les irritan... Esto no es algo que deba tomarse a la ligera. Si en nuestra vida estamos llamados a imitar a Cristo: pensar como Cristo, mirar como Cristo, hablar como Cristo, actuar como Cristo, amar como Cristo, podemos reflexionar: ¡Cuánta paz habrán reflejado sus ojos! ¡Qué sonrisa habrá iluminado con frecuencia su cara!  Si bien es cierto que Jesús sintió emociones como las nuestras: alegría, tristeza y enojo, no podríamos pensar que Jesús viviera sus días malhumorado. Jesús en todo momento reflejó su naturaleza de Dios y de hombre, manifestándose como amor en toda su persona. El malhumorado no puede ser testigo de Jesús. La alegría, que es producto de la presencia de Él en nuestras vidas, no puede estar en el enojón. Afortunadamente, la  actitud malhumorada puede revertirse con conciencia y voluntad de vencerla.

 Con frecuencia, quien grita y se enoja por todo en un hogar no reconoce que es un gruñón (o gruñona), no reconoce que necesita ayuda. Si tuviera la humildad de admitir que tiene un problema, podría ayudarse a sí mismo y a su familia, pero prefiere abrigarse en la soberbia y pensar que todos los demás están mal, son ineficientes, torpes y están equivocados.

Ser un malhumorado crónico tiene remedio cuando el gruñón se abre a la gracia del Señor, cuando reflexiona en la Palabra del Señor, cuando asume humildemente sus limitaciones y las de los demás, cuando busca la ayuda de un sacerdote, de un buen psicólogo o un terapeuta profesional que pueda ayudarle para ir solucionando sus problemas internos, aquellos que no tiene resueltos en su mente o en su corazón, aquellos que lo frustran, lo hacen ser agresivo y hacer tanto daño a quienes lo rodean, principalmente a quienes más ama.

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