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Escrito por Jaime Septién   
Domingo 09 de Noviembre 2008

PÓRTICO

Image Han colocado la recuperación económica por encima de lo que es verdaderamente importante: el tema de la vida.

Por Jaime Septién

Al novelista canadiense Michael O’Brien, autor de El Padre Elías, le han preguntado muchos de sus lectores si Barack Obama puede ser en la realidad el personaje de ficción que en su libro representa la figura del «presidente del mundo», el anticristo.

En una larga carta, fechada tres días antes de las elecciones de Estados Unidos, O’Brien reconoció su sorpresa por esta pregunta reiterada y por la suspicacia de miles de lectores que hemos recorrido —entre interesados y atemorizados— su novela. Tres puntos señaló en su carta O’Brien:

1. Barack Obama es un gran manipulador de masas, un ultra-liberal y un revolucionario social con pretensiones visionarias, pero no es el largamente profetizado anticristo.

2. Es uno más de esa clase de portadores del virus de la muerte de la moral, que reparten conceptos no solamente en contra del cristianismo, sino en contra del humanismo.

3. Probablemente es una de la muchas figuras clave en el mundo (lo sepan o no lo sepan) que son instrumentos de la más dura batalla que libra la Iglesia: la batalla en defensa de la vida.

Tras escribir esto, O’Brien echa en cara que muchos cristianos, incluso muchos católicos, hayan visto en Obama un candidato idóneo para frenar la debacle de Estados Unidos. Sobre todo, porque han colocado la recuperación económica por encima de lo que es verdaderamente importante: el tema de la vida. Y en el tema de la vida, Barack Hussein Obama reprueba de todas, todas.

Lo que O’Brien llama en su misiva «la secretaría de desinformación pública» (los medios de comunicación) ha envuelto (una vez más) a los católicos, haciéndoles ver lo primario como secundario y lo secundario como primario.  Lo mismo decía, hace un par de semanas, monseñor Gómez, arzobispo de San Antonio (Texas), en su colaboración especial para El Observador.

El «fenómeno Obama» se va a repetir en todos lados. Ya se impuso en el tercer país con mayor número de católicos del mundo (Estados Unidos); está tratando —con Lula da Silva—de imponerse en el país con mayor número de católicos del mundo (Brasil). Y México, el segundo lugar en la tabla, «no canta nada mal las rancheras», entre la tibieza de quienes defienden la vida y la agresividad de los «progresistas».

En resumidas cuentas, dice O’Brien en su carta: el problema es Obama, sí, pero, principalmente, lo somos nosotros que le hacemos caso al señor de este mundo, disfrazado del relativismo de que «todo da igual; lo que importa es que alguien me garantice (con promesas imposibles de cumplir) que, mañana, yo me la voy a pasar bien».

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