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Si no existiera el Purgatorio, habría que inventarlo |
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Escrito por Mons. Joseph Ratzinger
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Domingo 02 de Noviembre 2008 |
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PORTADA
Hay pocas cosas tan espontáneas, tan humanas, tan universalmente
extendidas como la oración por los
propios allegados difuntos.
«¡Hoy todos nos creemos tan buenos que no podemos merecer otra cosa sino el Paraíso! Las ideologías que hoy predominan coinciden todas en un dogma fundamental: la obstinada negación del pecado, de la realidad que la fe vincula al Infierno y al Purgatorio»
«Pero en el silencio acerca del Purgatorio hay también alguna otra responsabilidad: la del escriuturismo, de origen protestante, que ha penetrado también en la teología católica. Según esa tendencia, no serían suficientes, ni suficientemente claros, los textos explícitos de la Escritura sobre el estado quela Tradición ha denominado «Purgatorio» (quizá el término sea tardío, pero la realidad aparece muy pronto en la creencia de los cristianos). Yo digo que, si no existiera el Purgatorio, habría que inventarlo, porque hay pocas cosas tan espontáneas, tan humanas, tan universalmente extendidas —en todo tiempo y en toda cultura— como la oración por los propios allegados difuntos. Son un impulso demasiado espontáneo para que pueda ser sofocado; es un testimonio bellísimo de solidiaridad, de amor, de ayuda que va más allá de las barreras de la muerte. De mi recuerdo o de mi olvido depende un poco la felicidad o la infelicidad de aquél que me ha querido y que ha pasado ahora a la otra orilla, pero que no deja de tener necesidad de mi amor». (Card. Joseph Ratzinger, en Informe sobre la fe) |