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Escrito por Adolfo Orozco Torres   
Domingo 02 de Noviembre 2008

LA CIENCIA ANTE LA FE

Image En la mística cristiana es frecuente despreciar  la importancia del mundo material en contraposición con el espiritual...

Por  Adolfo Orozco Torres

Gilbert K. Chesterton, en su magnífica biografía de Santo Tomás de Aquino hace un análisis muy incisivo de la importancia y la trascendencia del pensamiento y la obra de este pilar de la teología y la filosofía católicas. Resalta que, contra la tendencia que había ‘espiritualizado’ al cristianismo siguiendo a San Agustín, Tomás, al cristianizar a Aristóteles rescata el valor y la importancia del mundo material y de los sentidos en el marco de la creación y del plan divino para el universo. Para destacar la importancia de la obra de Tomás, dice: «lo que sabemos o podríamos saber de su obra, probablemente llenará todavía más bibliotecas en el futuro de las que ha llenado en el pasado».

En la mística cristiana es frecuente despreciar  la importancia del mundo material en contraposición con el espiritual, y Chesterton, interpretando a Tomás, pone en sus labios lo siguiente: «Yo no creo que Dios quisiera que el hombre ejercitase sólo esa clase de intelecto peculiar, elevado y abstraído que vosotros –refiriéndose a los trascendentalistas puros- tenéis la suerte de poseer; pero sí creo que existe un terreno medio de hechos que los sentidos entregan como material para la razón; y que en ese terreno la razón tiene derecho a gobernar como representante de Dios en el hombre». Esta es la base para la indagación que la humanidad ha realizado desde los albores de su existencia para conocer y dominar el mundo que lo rodea.

Tomás, dice Chesterton, le da una gran importancia a nuestros sentidos y su función de ponernos en contacto con la ‘realidad’ circundante externa y a nuestro intelecto. «Los Teólogos –dice Chesterton- habían caído  en una especie de orgullo platónico por la posesión interior de verdades intangibles e intraducibles, como si ninguna parte de su saber tuviera raíz alguna en el mundo real». La Orden dominicana, casi simultáneamente con la franciscana había iniciado un movimiento hacia la filosofía natural, principalmente –aunque no exclusivamente- en la Universidad de París, donde enseñó San Alberto Magno, maestro de Tomás. Como parte de ese énfasis en la filosofía de la naturaleza se llevó a cabo, como lo llama Chesterton, la ‘cristianización’ de Aristóteles y el rescate de la importancia del uso de la razón para conocer nuestra realidad.

Así, Chesterton hace decir a Tomás: «Pero a mí no me avergüenza decir que mi razón es alimentada por mis sentidos, que debo mucho de lo que pienso a lo que veo y huelo y gusto y manejo; y que en lo que se refiere a mi razón, me siento obligado a tratar toda esta realidad como real. Y yo considero que aquí esta el quid de la ciencia».

Esta es la labor de las ciencias naturales, que en última instancia no tiene la simple función de darnos a conocer la realidad en que nos movemos, sino que este conocimiento debe acercarnos al autor de la realidad que estamos estudiando. Esto lo expresó muy didácticamente el Dr. John Jackson, científico dedicado, entre otras cosas al estudio de la Sábana Santa al referirse al momento en que el san Juan entra a la tumba vacía donde habían depositado el cuerpo de Cristo y que nos dice que «… entró, vio y creyó». Jackson reflexiona: «Para Juan, un acto de ciencia, ver, lo conduce a una acto de fe: creer». En este breve pasaje está la razón última de la actividad científica y la justificación filosófica y teológica del estudio de la naturaleza.

La simple satisfacción de la natural curiosidad humana no es razón filosófica suficiente para justificar la capacidad del intelecto humano de indagar y cuestionar la naturaleza si no es para hacernos mejores seres humanos. Por lo mismo, la actividad científica tiene asociada indisolublemente una obligación moral y ética: la de que esta actividad esté encaminada a la plena realización material y espiritual del ser humano. Chesterton nos dice que Tomás fue un hombre muy grande que concilió la religión con la razón, que la expandió hacia la ciencia experimental, y que insistió en que los sentidos son las ventanas del alma y en que la razón posee un derecho divino a alimentarse de hechos, y que es competencia de la fe digerir la comida fuerte de la más dura y práctica de las filosofías paganas” refiriéndose a la filosofía Aristotélica. Creo que Santo Tomás de Aquino, junto con San Alberto Magno pueden ser considerados como los auténticos iniciadores de las ciencias naturales contemporáneas.

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