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Escrito por Sebastián Sánchez   
Domingo 16 de Septiembre 2007

DICCIONARIO DE AUTORES CATÓLICOS DE HABLA HISPANA

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"Rechazar a Santo Tomás es rechazar la filosofía del ser, y caer por lo mismo en una filosofía de la idea, de la vida, del devenir, de la existencia".

Por Sebastián Sánchez

Sacerdote y filósofo argentino. El P. Meinvielle fue uno de los más agudos pensadores de la Iglesia en Hispanoamérica. Estudió en el entonces Seminario Pontificio de Villa Devoto doctorándose en Filosofía y Teología. Se ordenó sacerdote del clero secular el 20 de diciembre de 1934. 

Dice Alberto Caturelli en su monumental Historia de la Filosofía en la Argentina que para el P. Meinvielle «pensar era entrar en combate espiritual (pólemos): filósofo combatiente (polemistés) no por falta de amor sincero al prójimo, sino al revés: combatía por la verdad por amor al prójimo».

Nuestro autor no sólo dedicó su vida al quehacer intelectual sino fundamentalmente al apostolado sacerdotal y a la docencia. En tal sentido, cabe destacar que fundó el scoutismo católico en la Argentina. Preocupado siempre por la situación de su patria, fundó y dirigió periódicos y revistas que en su día fueron ampliamente acogidos.

Autor prolífico, la mayor parte de sus escritos remiten a áreas trascendentes del oficio del pensamiento, a saber: filosofía política y metafísica de la persona y filosofía y teología de la historia. Es interesante traer a colación la polémica suscitada entre el P. Meinvielle y Jacques Maritain a propósito de la filosofía política de éste último. Controversia ésta acrecentada por la irritación que le produjo a Maritain que el mismísimo P. Garrigou Lagrange O.P. terciara a favor del sacerdote argentino.           

Partió a la Casa del Padre en la plenitud de su vida intelectual y espiritual luego de sufrir un desgraciado accidente automovilístico. Figura controversial, el P. Meinvielle fue un pensador de fuste que es menester rescatar del olvido pues la mayor parte de su  ingente obra es un ejemplo para las nuevas generaciones americanas.    

Entre su vasta producción escrita mencionamos sólo los títulos más significativos: Concepción católica de la política (1932), Concepción católica de la economía (1936), Los tres pueblos bíblicos en su lucha por la dominación del mundo (1937),  Hacia la cristiandad (1940), Crítica de la concepción de Maritain sobre la persona humana. Respuesta a dos cartas de Maritain al R. P. Garrigou-Lagrange, O.P. (1948), La cosmovisión de Teilhard de Chardin (1960), El poder destructivo de la dialéctica comunista (1962), De Lammenais a Maritain (1967), De la cábala al progresismo (1970), El progresismo cristiano (1983), Crítica sobre la concepción de Maritain sobre la persona humana (1993).

Reproducimos hoy un fragmento de su En torno al progresismo cristiano, en el que da cuenta de los males que acarrea para la Iglesia el sostenimiento de esta «ideología religiosa»:     

«Rechazar a Santo Tomás es rechazar la filosofía del ser, y caer por lo mismo en una filosofía de la idea, de la vida, del devenir, de la existencia. Por ese camino se hace imposible alcanzar el ser y, por lo mismo, poner en contacto racional al hombre con Dios, su Creador. Por ese camino el hombre cierra el camino de su inteligencia hacia Dios y se hace incapaz de levantar una teología que respete los fundamentos naturales y racionales, sobre los cuales se ha de apoyar luego la Revelación y la teología.

En los progresistas de que estamos hablando hay una tendencia a revisar también todos los tratados de la teología escolástica y tomista, con el pretexto de que se debe tomar contacto con las fuentes, a saber, con la Biblia y la enseñanza de los Padres. Esta tendencia puede ser buena si no niega el progreso legítimo que se ha operado con las grandes disquisiciones y tratados de los doctores posteriores, pero los progresistas desprecian estos estudios y tratados; quieren volver a una teología puramente bíblica y patrística. Esta tendencia es tanto más peligrosa y se convierte en fuente de innumerables errores, si tenemos en cuenta que hoy la Biblia está sometida a un bombardeo criticista demoledor por parte del nuevo racionalismo. Hay exégetas, como por ejemplo Rodolfo Bultmann, que están empeñados en desmitizar, como ellos dicen, el kerygma cristiano. En esta tarea reducen a muy poco la palabra divina de la Escritura, so pretexto de que todo es mito, incluso la resurrección del Señor. Sabido es que hoy algunos biblistas católicos rechazan, por ejemplo, la infancia del Evangelio de San Lucas, y dicen que el Magnificat no es un cántico pronunciado por la Virgen. Se abre así, por este camino, las puertas a la destrucción total del Antiguo y del Nuevo Testamento de las Escrituras Sagradas».


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