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Escrito por José Manuel Otaolaurruchi, L.C.
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Domingo 19 de Octubre 2008 |
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HOMBRE NUEVO

Por José Manuel Otaolaurruchi, L.C.
Hace unos días escuché la conversación de dos abogadas, madres de familia, sobre los conflictos que padecieron organizando las vacaciones de sus hijos. Por el tono de la plática todo indicaba que se trató de algo muy complicado. A mí se me ocurrió entonces comentar que sus hijos deberían tener juegos sencillos y sanos como los que tuvimos nosotros de niños: bicicleta, patines, patineta, salidas al centro de la ciudad en autobús urbano. Ambas se me quedaron mirando y me hicieron ver que eso ahora es imposible porque la inseguridad pública no lo permite:
— Si dejas a un niño en la calle lo expones a que te lo malogren. Hay que tenerlos en casa o en clases de futbol, natación, guitarra o de lo que sea, pero no pueden andar tranquilamente por la calle.
Me di cuenta de que los tiempos cambiaron y de que, perdiendo la seguridad pública, los niños han perdido mucha libertad. En consecuencia, queman el tiempo encerrados en casa atrapados por el mundo de las pantallas: televisión, internet, juegos electrónicos. Los adultos debemos ofrecer a los jóvenes lo que nosotros recibirnos y gozamos. |