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JÓVENES: EL FUTURO «DESFUTURIZADO»
Cuando somos jóvenes nos queremos comer al mundo, nos creemos capaces de hacerlo todo, vemos las cosas tan simples, sin preocupaciones, que poco pensamos en la felicidad.
Por Hugo Rodríguez Reséndiz
Cuando somos jóvenes nos queremos comer al mundo, nos creemos capaces de hacerlo todo, vemos las cosas tan simples, sin preocupaciones, que poco pensamos en la felicidad.
Nos disponemos para correr, participar en concursos, salir a dar la vuelta, ver la TV. Lo curioso es que hoy en día toda esa energía de la juventud no encuentra explosividad que la satisfaga del todo. La felicidad en la juventud se ha pasado de lo duradero a lo efímero. En efecto, el vigor de la juventud busca saciar sus necesidades inmediatas, pero sólo en aquello que se considera pasajero, temporal, más no en cosas que se prolonguen.
Pensemos en un joven que se siente solo, y en su búsqueda de compañía se topa con las drogas, hace la prueba y descubre que aquellas substancias lo hacen sentir que no está aislado, pues alucina que hay alguien a su lado, que todo le habla. Pero cuando el efecto pasa, la realidad devela la soledad, y para buscar no sentirse solo, nuevamente vuelve a ingerir psicotrópicos; y así cada vez, para sentirse en compañía por un momento, y luego viene la dependencia.
Veamos al grupo de amigos que cada fin de semana sale con destino al antro. Esperan con ansia que llegue el momento de ir al esparcimiento. Llegan a un buen lugar, disfrutan la noche, platican, toman alcohol, conocen gente, bailan, ríen, pero llega la hora en que el establecimiento tiene que cerrar, y ellos se tienen que ir a su casa. Todo se acaba cuando aquellas luces de colores dejan de iluminar, y la energía también muere.
Seamos claros: los jóvenes en la sociedad buscan satisfacer sus necesidades inmediatas en espacios que son de lo más transitorio, de modo que lo fugaz es la mejor oferta.
¿Por qué preferir las eventualidades a lo duradero? Simplemente porque lo provisional es más fácil y cómodo; porque pocos jóvenes prefieren incorporarse a un grupo de danza tradicional, debido a que hay que aplicar esfuerzo, sacrificio, práctica, y por el contrario, es más fácil bailar cada fin de semana algo que no tiene reglas ni formalidad .
¿Qué ventajas habrá si ocupamos espacios o hacemos cosas persistentes, frente a lo momentáneo? Lo temporal es pasajero, circunstancial, relativo, por lo que cada vez que se adentra en ello, está presente lo finito; es decir, satisfacer las necesidades en lo provisional es ya un espejismo, una falsa felicidad.
A menudo decimos que somos felices, pero no examinamos el alcance de la palabra felicidad; sólo pensamos que es un estado de ánimo que nos hace sentir bien. Si la felicidad fuera eso, entonces ser adicto a las drogas equivaldría a ser feliz, pues lo que ofrecen los estupefacientes es quitar todo malestar inmediato, despreocuparnos y relajarnos. Pero podemos decir que eso no es la verdadera felicidad, ya que se acaba tan pronto al no tener dinero para conseguir más narcóticos.
¿Acaso la felicidad se acaba, o bien se puede ser feliz un día y al otro no? La verdadera felicidad lleva como supuesto lo permanente, porque sería una infelicidad ser feliz un día sí y el otro no, vivir alegres y enojados, en la belleza y en lo grotesco, en lo frágil y en lo duro. Lo triste es que muchos jóvenes ven en lo efímero las más grandes realizaciones, y dicen sentirse felices. Por eso es que cada vez que tienen hambre de algo se llenan de vacío; y cuando tienen deseo de actuar, nada hacen.
La prostitución, el alcoholismo, los malos amigos, la asistencia a los lugares de mala fama, etc., son los espacios que busca consumir la juventud cuando tiene hambre.
Por lo tanto, tenemos que reforzar más el concepto de la felicidad duradera (sobre todo en la juventud), procurando siempre mostrar los beneficios que ella trae, quizá no inmediatos, pero sí tarde o temprano, porque sabe mejor lo que cuesta pero permanece, que lo que se adquiere de inmediato pero se va. |