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REPORTAJE
El Papa Benedicto XVI otorga un gran regalo a Querétaro: la basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano
Por Gilberto Hernández García
El santuario de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano ha recibido de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI, el título de basílica menor, la mayor distinción que se puede conceder a un templo cristiano. Así, después de casi un año de trámites y muchas décadas de ser uno de los mayores y más arraigados referentes devocionales en tierras queretanas, llegó la aprobación de la Santa Sede.
El 12 de diciembre de 2007, don Mario de Gasperín, obispo de la diócesis de Querétaro, ponía de manifiesto a la Congregación del Culto Divino y de la Disciplina de los Sacramentos «las súplicas y los deseos del clero y de los fieles» para que el Santuario de la patrona de la diócesis fuera elevado a la dignidad de Basílica Menor; finalmente el 11 de agosto de este 2008, mediante las letras del protocolo firmado por Francisco de Borja Tran Van Kha, prefecto de la Congregación del Culto Divino, el Santo Padre ha expresado su beneplácito, concediéndole todos los derechos y facultades litúrgicas que le competen a una basílica.
El padre José Rogelio Cano López, desde hace cuatro meses rector del santuario de Soriano nos explica la trascendencia e implicaciones de este acontecimiento que llena de gozo, no solo a la diócesis de Querétaro sino a toda la Iglesia en México.
¿Qué significa para la diócesis que a uno de sus santuarios le sea otorgado el título y dignidad de Basílica Menor?
«Es, ante todo, una muestra de la predilección de parte de Dios; un regalo del Papa, un reconocimiento de su fe mariana, y estamos hablando de un Querétaro que ama a la santísima Virgen María: ahí tenemos el ejemplo de la peregrinación al Tepeyac que surgió de estas tierras de Colón, de Santa María del Mexicano. Estamos hablando de las grandes devociones que tenemos, por ejemplo la de Santa María del Pueblito, la gran devoción a la Guadalupana o las grandes peregrinaciones que llegan anualmente aquí a Soriano.
Estamos hablando del reconocimiento de la fe de un pueblo que peregrina, de un pueblo que ha sufrido y de una Imagen que lo ha acompañado durante siglos; esta Imagen es peregrina: viene de España, llega al Nuevo Mundo, a Zimapán, a un convento hermosísimo, que fue destruido; luego la Virgen es traída a la Sierra Gorda, a Maconí, donde también su templo es destruido; la imagen es abandonada y luego recogida por un dominico; es traída a la misión de Santo Domingo de Soriano. Hablamos de una Imagen que ha estado con su pueblo, que ha peregrinado y que ahora su casa merece el título de basílica para derramar gracias todavía más abundantes.
«Además, somos merecedores de gracias especiales: intensifica los lazos de unión y devoción con la cátedra de san Pedro; por eso también esta basílica va a portar las insignias papales, es decir las llaves de san Pedro, tanto en la puerta principal como en el trono, así como las imágenes de los apóstoles Pedro y Pablo».
¿Qué requisitos se necesita cumplir para que un templo cristiano sea basílica?
«Es necesario que sea un lugar de piedad y gran devoción, que reciba muchas peregrinaciones; un lugar que sea artístico, hermoso, que tenga una estructura material y espiritual para atender a los peregrinos; que tenga un reconocimiento a nivel regional o nacional. Ahora, con este título, ya no solamente hablamos de Querétaro, sino de un reconocimiento especial del Santo Padre para México, no sólo para la diócesis».
¿Que implicaciones trae consigo este título y dignidad en el terreno pastoral?
«En primer lugar, la basílica, al ser nombrada como tal, tiene el honor y el deber de propagar los documentos, los escritos del Santo Padre, los escritos pontificios; este lugar es como una extensión del Papa Benedicto en Querétaro, en México; va a ser un lugar donde se propaguen las enseñanzas del Sumo Pontífice de forma directa. Los actos litúrgicos que aquí se hagan se harán con mayor dignidad.
«También como basílica tendremos el deber de ser un centro de atención pastoral para toda la diócesis, para sacerdotes y laicos, atención espiritual, intelectual, de formación cristiana. Además, se nos otorga la indulgencia plenaria: la basílica concederá la indulgencia muchas veces en el año, entre ellas en la festividad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, el 29 de junio; en las festividades de Nuestra Señora de los Dolores el 15 de septiembre y el Viernes de Dolores, y un día que vamos a escoger libremente al año para ofrecer a los fieles esta gracia.
«Todo lo anterior implica la presencia de más sacerdotes en este lugar: confesores para perdonar pecados reservados, graves (como el aborto, el secuestro); sacerdotes atendiendo en ejercicios espirituales; sacerdotes propagando la devoción de la Virgen en la diócesis y fuera de ella; es decir tendremos todo un equipo especializado de atención a los fieles, como lo merece una basílica». |