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El Año Paulino y sus indulgencias Imprimir
Escrito por Javier Algara   
Domingo 12 de Octubre 2008

VÍGÍA

Image «La acción de la Iglesia sólo es creíble y eficaz en la medida en que quienes forman parte de ella están dispuestos a pagar personalmente su fidelidad a Cristo, en cualquier circunstancia.».

Por  Javier Algara

«La acción de la Iglesia sólo es creíble y eficaz en la medida en que quienes forman parte de ella están dispuestos a pagar personalmente su fidelidad a Cristo, en cualquier circunstancia.». Estas palabras del Papa Benedicto XVI explican su invitación a dedicar un año al estudio de uno de los máximos ejemplos de dedicación total a la causa del Evangelio: San Pablo. Se trata de aprender, a través del estudio de la vida y obra del Apóstol de los Gentiles, cuál debe ser la forma en que cada uno pague su fidelidad a Cristo para lograr que se implante el Reino de Dios. Para ello, con la mirada puesta en la espiritualidad del Apóstol, en todas las diócesis del mundo se están llevando a cabo celebraciones litúrgicas, eventos culturales, académicos y ecuménicos, proyectos pastorales y sociales, para difundir la inmensa riqueza de su obra, «verdadero patrimonio de la humanidad redimida por Cristo». Con ese motivo y, siguiendo la tradición de la Iglesia, el Papa y los obispos han decidido también conceder indulgencias. Lamentablemente, parece ser que entre parte de nuestra gente la posibilidad de obtener estas últimas ha acaparado la atención por sobre todas las demás motivaciones de conocer más al último de los Apóstoles. Un gran número de personas únicamente se preocupa por saber dónde y cómo coleccionar indulgencias. Los temas culturales y de estudio, y sobre todo, lo referente a prepararse para estar dispuestos a pagar por la fidelidad a Cristo en cualquier circunstancia, no parecen haber llamado su atención. Más aún, parece haber todavía cierto grado de desconocimiento acerca de la verdadera naturaleza de las indulgencias. Hay fieles que entienden la indulgencia como una alternativa al sacramento de la penitencia; otra forma -mágica, fácil, y que evita la vergüenza de la confesión- de obtener el perdón de los pecados. A los párrocos y catequistas se les abre este año una magnífica oportunidad de explorar con sus comunidades las maravillas de la obra paulina con afanes catecumenales, de formación en la fe, y, doctrínales, para explicar lo que son las indulgencias. Ya el Magisterio de la Iglesia, en las líneas iniciales de la «Indulgentiarum doctrina», explica sin ambigüedades: «Indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en lo referente a la culpa, que gana el fiel, convenientemente preparado, en ciertas y determinadas condiciones, con la ayuda de la Iglesia, que, como administradora de la redención, dispensa y aplica con plena autoridad el tesoro de los méritos de Cristo y de los Santos».  La conversión, manifestada a través de la confesión y de la recepción consecuente del perdón en el sacramento de la penitencia, antecede a todos los demás pasos establecidos por la Iglesia como condiciones para ganar una indulgencia. La decisión personal de aceptar a Cristo como único Señor, y de abandonar el pecado, son los primeros signos de la fidelidad de la que habla el Santo Padre; el primer pago que hay que hacer.

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