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Escrito por Antonio Maza Pereda   
Domingo 16 de Septiembre 2007

LOS VALORES DE MÉXICO

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No somos cosas, no somos marcas, no somos objetos.

Por Antonio Maza Pereda

Hace mucho que me debería haber acostumbrado a la publicidad. Las mil maneras sutiles o abiertas para manipular a las personas; el uso atroz que hace del lenguaje y, peor aún, de la lógica. Pero, qué quiere usted, no termino de acostumbrarme.

Hace mucho tiempo que tenemos campañas que inician diciendo: « yo soy...», y de ahí sigue el nombre de una compañía, almacén, o algún tipo de aparato. Ahora se han ampliado para agregar, por ejemplo, «yo soy completamente 36°C» y otros anuncios parecidos. Estoy esperando a ver en qué momento empezamos a tener anuncios que digan: «yo soy completamente varilla La Consolidada, de alta resistencia...» o, por ejemplo, «soy únicamente La Vencedora». Seguramente no tardaremos mucho en ver anuncios así.

De fondo, repito, es un tema de poca importancia. Sin embargo, es un hecho que este tipo de campañas atraen a personas que se identifican con ellas, hasta el grado de preferir los productos que «dicen ser». ¿Será, acaso, que tenemos una identidad tan débil que necesitamos reforzarla  identificándonos con marcas o con productos? Eso, amigas y amigos, sería grave.

El concepto que tenemos de nosotros mismos, de nuestra identidad, es la base para una vida sana y para una psicología funcional. Es más: muchas veces las ideologías más corrosivas empiezan por un concepto limitado de la persona. Por ejemplo, el marxismo considera a la persona como «hombre económico», en un concepto materialista que niega muchos otros múltiples aspectos de la persona humana.

Vale la pena hacerse la pregunta: ¿quién soy yo? y analizar nuestras respuestas. Primero que nada, de qué manera me describo a mi mismo. Soy Antonio. Con cosas buenas y con cosas malas, pero eso soy yo. Soy padre de familia, soy profesional, soy católico... y muchas cosas más. Soy, en primer lugar, hijo adoptivo de Dios, y heredero del Cielo.

No somos cosas, no somos marcas, no somos objetos. Si soy «completamente...», el día en que ya no pueda comprar en ese establecimiento dejaré de haber sido quien soy y me sentiré infeliz. Ser persona humana es tener una dignidad muy superior a la que nos dan las cosas que podemos llegar a tener. Que nunca se nos olvide.


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