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¿POR QUÉ ME HICE SACERDOTE?
«Mi párroco me sorprendió diciéndome que yo estaba llamado a ser sacerdote»: Padre Benjamín Benavente, de la diócesis de Toluca
Por María Velázquez Dorantes
¿Cómo nace en usted la inquietud de ser sacerdote? «Colaboré desde niño en la iglesia de mi natal Saltillo, Coahuila. Fui monaguillo, dirigente de un grupo de niños y el hombre de confianza de mi párroco hasta los 15 años, cuando me sorprendió diciéndome que yo estaba llamado a ser sacerdote. Lo obedecí y unos días después me fui a estudiar a Guadalajara el tercero de secundaria. Fui un alumno rebelde, presumido, orgulloso, y quise hacer siempre mi voluntad. Por eso en cuatro ocasiones fui dado de baja del seminario. En los ínteres estudié y trabajé como maestro, pintor, capturista, supervisor de cajeras, mesero, pizcador de uvas, fontanero, pero nunca me alejé de la Iglesia, seguí sirviendo en lo que podía en mi comunidad. Amé a Dios siempre adentro y afuera del seminario y, sobre todo, siempre me sentí amado por Él. «A pesar de mis rebeldías y caprichos, de mis pecados y soberbias, Dios nunca me rechazó y una y más veces me volvió a invitar a seguirlo de cerca. Hasta que, finalmente, obedeciendo al señor obispo de Toluca, fui ordenado sacerdote».
¿Cómo describiría su vida sacerdotal? «Ha sido una aventura apasionante. Nuevos retos cada día, nuevas caricias de Dios, sorpresas en cada despertar. He trabajado mucho y con ganas en la evangelización, con creatividad. Pero siempre he recibido más de lo que he dado. La gente es muy buena, su cariño y comprensión nunca me ha faltado. Y, sobre todo, he visto crecer la amistad con mi amigo de años: Jesús. He madurado en el trato con Él y lo conozco un poco más cada día. A Jesús no lo cambio por nada ni nadie».
¿Cuáles han sido los retos más simbólicos que ha enfrentado como sacerdote? «A veces me ha desanimado la apatía de algunas personas. Ver que a veces preparas algo con mucho entusiasmo y esperanza y ver a las personas igual, como piedras en el río (decía Ghandi), rodeadas de agua pura y secas por dentro. Creo que eso ha sido lo más duro: la dureza de los corazones».
¿Qué experiencias como sacerdote le han dejado más impactado? «Las adoraciones ante Jesús Eucaristía, cuando lo adoramos en asamblea. Su presencia me impone, me estruja, me tambalea, me derrumba, me renueva. La presencia de Jesús Eucaristía y su poder en el corazón de quienes están dispuestos a recibirlo, me impacta».
¿Cuál considera que es la tarea más difícil para un sacerdote? «La paciencia ante los corazones contumaces. Algo que me ha dado consuelo es saber que sólo soy un obrero del Señor, que no soy el dueño de la mies, que a mí me toca sólo cumplir con mi tarea y que lo demás es obra del Padre. Dios lo sabe todo y todo lo hace bien, en Él confío. Él lleva a la Iglesia por camino certeros y su reino no tendrá fin. Triunfará el Reino de Dios, no se cómo ni sé cuándo, pero triunfará. Ello me da seguridad, esperanza y paz. No dudo. Confío. Confío absolutamente en su inmenso amor». |