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Mes del Rosario: citas y sugerencias Imprimir
Escrito por Justo López Melús   
Domingo 05 de Octubre 2008

Image Hago mi paseo matinal por distintos rumbos de la ciudad. Y recorro los misterios del Rosario sembrando avemarías por las calles.

Por el padre Justo López Melús

Misterios gozosos.- Hago mi paseo matinal por distintos rumbos de la ciudad. Saludo a las barrenderas y les regalo algún objeto piadoso. Al principio se extrañaban, pues era el único que lo hace. Voy metiendo a la gente «oraciones en los bolsillos»: por ese niño que sonríe, por ese anciano que parece preocupado, por ese adolescente que parece triste, quizá porque no acepta su figura… (Dice una encuesta que el 85% de los jóvenes no acepta su cuerpo). Y recorro los misterios del Rosario sembrando avemarías por las calles.

1º. La Anunciación. «Hágase en mí según tu palabra».
Disponibilidad. Pasar del sí de la aceptación al sí de la ejecución.
«Señor, lo que Tú quieras, como Tú quieras, cuando Tú quieras, donde Tú quieras».
Haz lo que Dios quiere y quiere lo que Dios hace.
La Encarnación es un romance de amor divino, escrito en las entrañas de María… y ahí hay un hueco para nosotros.
«Señor, quiero ser como una humanidad complementaria, donde pueda ‘repetirse tu encarnación’».

2º. María visita a Isabel.
Solidaridad. Compartir. El cristiano es «un ser para los demás».
Un misionero pedía un mensaje a Dios y oyó: «comodidad». —Señor, ¿has dicho comodidad?   — No. He dicho: como di (Yo), dad (ustedes).
María alaba, bendice al Señor (Magnificat). Bendecir, decir bien. Benedicencia es la virtud de hablar bien del prójimo. Virtud hermosa y difícil. No está en el diccionario pero sí está maledicencia: se ve que se usa más.
El lado bueno del egoísta es que no habla de los demás. — «Jamás nadie le vio jurar (echar reniegos) ni murmurar», dice santa Teresa de su padre. (Ya se le podía canonizar). — A un compañero mío le decían «el Gallo de la Pasión». Su presencia era un aviso contra la murmuración, como el canto del gallo fue un aviso para Pedro. (Ya está introducida su causa de beatificación).

3º. El nacimiento de Jesús. Felicitar a María.
Felicitar, dar alegría. No ser cortos en felicitar. Apostolado de la sonrisa, que tanto practicaba mi amigo Emilio Parra. Sonreír cuesta poco y vale mucho. Vivir la eutrapelia, hermosa y desconocida virtud, que es alegrar la convivencia: comiendo, platicando, leyendo, cantando, riendo juntos, con sencillez y cordialidad. –Yo no me cuido de mi felicidad, yo me cuido de la tuya; de la mía ya te ocupas tú. –Pregunta el padre Vallés a un misionero vasco en la India: «¿Cuál es tu tarea?» –»Alegrar a la gente, pues». Dar buenas noticias, la Buena Noticia.

4º. Presentación de Jesús en el Templo y Purificación de María.
No era necesario en este caso, pero… Fidelidad a las normas. No eludir las obligaciones. Fidelidad en lo esencial. Pero atención también a lo pequeño, a los detalles. — Cuando hay amor, hay detalles, y cuando no hay detalles es que no hay amor. «Sólo los cristianos mediocres son capaces de imaginar que hay muchas cosas sin importancia». Escribe un humorista amigo: «Amor se escribe con hache, porque la hache es superflua, y lo superfluo es lo más importante en el amor». Fidelidad a la palabra dada. (Mi madre perdió dinero por ser fiel a la palabra dada).

5º. Jesús perdido y hallado en el Templo. «Hijo mío, ¿por qué lo has hecho así con nosotros?
Delicadeza de María al corregir a Jesús. La corrección siempre duele.
Si se hace con delicadeza, duele menos y se consigue más. Corregir con mesura. Pablo VI invitaba a imitar a Nuestra Señora del Equilibrio (hermosa advocación). Corregir sin nervios, con paciencia. «Existen dos pecados capitales en el hombre, de los que se derivan todos los demás: la impaciencia y la inercia. A causa de la impaciencia fueron expulsados del Paraíso; a causa de la inercia no han regresado todavía» (Franz Kafka). — Gandhi sí era paciente: «Once veces me engañó mi amigo, y once veces volví a confiar en él. Fui tozudo y lo vencí. La duodécima vez ya me fue leal».

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